La Piedra de Rosetta no fue hallada por arqueólogos. Fue descubierta en 1799 por soldados franceses durante la campaña de Napoleón en Egipto.
El hallazgo tuvo lugar en la localidad de Rosetta (Rashid), en la orilla occidental del Nilo. Al reconocer su importancia, los soldados la enviaron a Francia para su estudio.
Tras años de investigación, la pieza terminó en el Museo Británico de Londres, donde se conserva hoy en día como uno de los artefactos más emblemáticos de la historia de la escritura.