En la mayoría de los asentamientos, los pioneros no empleaban rocas y barro para edificar chimeneas o hogares dentro de sus cabañas de troncos. En su lugar, utilizaban piedra local, ya sea piedra de campo o piedra extraída de canteras, para levantar la estructura de la chimenea.
El barro y la arcilla sí eran materiales comunes para rellenar los huecos entre los troncos (el llamado chinking), pero no se usaban en la construcción de la chimenea porque carecen de la resistencia necesaria para soportar las altas temperaturas del fuego.