Los pueblos prehistóricos utilizaban las paredes de las cuevas para sus pinturas por diversas razones:
Protección contra los elementos: Las cuevas ofrecían un entorno seco y resguardado, protegiendo las obras de la lluvia, el viento y la luz solar, lo que favorecía su conservación durante milenios.
Propiedades acústicas: La forma y la composición de las cavernas generaban una acústica natural que realzaba los cantos y las palabras habladas, convirtiéndolas en lugares idóneos para ceremonias y rituales.
Significado religioso: Muchas culturas consideraban las cuevas sagradas, vinculándolas al inframundo y a los espíritus de los muertos; por ello servían como escenarios para ceremonias y para representar imágenes religiosas.
Expresión artística: Las superficies amplias y lisas de las paredes permitían crear pinturas y dibujos de gran escala, imposibles de realizar en otros soportes.
Comunicación social: Las pinturas podían funcionar como medio de intercambio de información entre diferentes grupos, transmitiendo conocimientos sobre su cultura, historia y creencias.