Figuras Históricas

Christa Wolf: la escritora que dividió la admiración y el desprecio

Antes de la caída del Muro, Christa Wolf era aclamada como una autora pan‑alemana. Tras la reunificación, muchos la tacharon de "escritora del Estado de la RDA". Falleció en Berlín el 1 de diciembre de 2011, a los 82 años.

Por Bernd Neugebauer

«Es una ley que el tiempo nos juzgue mal», sentencia de su obra No hay lugar. Ningún sitio (1977), que también resume su trayectoria literaria. Tras el éxito internacional de Kassandra (1983) y la posterior caída del feuilleton occidental, la autora quedó reducida a su vínculo con el régimen de la RDA.

La división de Alemania constituye una constante en su obra. Su compromiso político marcó tanto la recepción de su trabajo como los debates en torno a su figura. Sin embargo, ni su cercanía al régimen ni sus conflictos con él pueden resumirse en una única categoría; lo mismo ocurre con su literatura, que trasciende lo meramente político.

El cielo dividido

Christa Wolf, en conversación con Konrad Wolf (izquierda) y Hermann Kant (derecha) el 25 de noviembre de 1965 en Berlín Oriental.

Tras estudiar filología alemana y trabajar como editora, Wolf, nacida en 1929 en lo que hoy es Landsberg/Warthe, Polonia, publicó su primera novela, Novela de Moscú, en 1961, inicialmente solo en la RDA. Al año siguiente salió El cielo dividido, que también llamó la atención en Occidente.

Miembro del SED desde 1949 y convencida de que el socialismo era la forma más deseable de sociedad, Wolf aborda en la novela las consecuencias de la división alemana. Como era previsible, la obra no recibió el entusiasmo incondicional de los funcionarios culturales de la RDA: aunque le otorgaron el Premio Heinrich Mann y la DEFA adaptó el libro al cine dos años después, se criticó la «gran brecha en la representación de la república y su pueblo».

Autenticidad subjetiva

La crítica no solo recayó en el tema, sino también en la forma literaria. El cielo dividido fue tachada de «demasiado moderna», es decir, insuficientemente alineada con el realismo socialista.

Con el relato Juni‑Nachmittage la autora adoptó un estilo más realista, al que llamó «autenticidad subjetiva», sello distintivo de su obra posterior. Al privilegiar lo subjetivo frente a la objetividad exigida por la doctrina oficial, Wolf se enfrentó repetidamente con las autoridades, pese a su cercanía al régimen.

En la mira de la Stasi

Los desacuerdos ideológicos fueron acompañados por diferencias políticas. Desde principios de los años sesenta, Wolf empezó a sentir una profunda decepción por el «socialismo real» que reemplazaba su visión utópica de una sociedad justa. Tras un discurso crítico ante el Comité Central del SED en 1967, perdió su condición de candidata a la máxima candidatura electoral.

En 1976, al protestar junto a su esposo Gerhard contra la expulsión del cantautor Wolf Biermann, fue expulsada de la Asociación de Escritores de la RDA y su marido del partido. Ambos fueron objeto de vigilancia sistemática por parte de la seguridad del Estado durante varios meses.

Sin país. Ningún sitio

Al vivir en Berlín y Mecklemburgo, Wolf consideró emigrar, pero descartó la opción del capitalismo occidental, pues no veía allí una alternativa al socialismo. Aun así, el gobierno siguió utilizándola como figura emblemática del progreso cultural socialista: ingresó en la Academia de las Artes, recibió el Premio Nacional de la RDA en 1977 y obtuvo permisos para viajar al extranjero.

En 1979 publicó Kein Land. Nirgends (Sin país. Ningún sitio), basada en un encuentro ficticio entre Heinrich von Kleist y la poetisa romántica Karoline von Günderrode. La novela explora el fracaso del escritor en la sociedad y contiene pasajes que se interpretan como crítica velada al propio Estado.

Reconocimiento en Occidente

El 16 de octubre de 1980, Wolf recibió el Premio Georg Büchner en Darmstadt, el galardón literario más importante de la República Federal. Su obra, que evita los clichés lingüísticos y entrelaza voces narrativas en una compleja red, fue apreciada por la crítica occidental por su calidad artística más que por su postura política.

La escritora “pan‑alemana”: Kassandra

Comprometida con valores humanísticos, Wolf se inscribe en la tradición de la literatura comprometida de Brecht, buscando formas que se ajusten a la complejidad de sus temas sin reducirlos a dicotomías simplistas.

Con Kassandra (1983), que aborda la igualdad de derechos, y Störfall (1987), sobre la catástrofe de Chernóbil, captó el zeitgeist de la Alemania Occidental de los años ochenta. Críticos occidentales la catalogaron como una escritora “todo‑alemana”.

Acusaciones de cercanía al régimen

La caída del Muro puso fin a su alineación con el zeitgeist occidental. Wolf, esperanzada de que su utopía de un socialismo humanizado pudiera materializarse, se mostró escéptica ante la reunificación, pronunciando su oposición durante las manifestaciones del lunes, lo que avivó las sospechas de los feuilletons alemanes.

Lo que queda

Su texto Was bleibt (1990), reflexión sobre la persecución de la Stasi, le valió el calificativo de “escritora del Estado de la RDA” por Marcel Reich‑Ranicki, generando un intenso debate sobre el papel de los intelectuales de la RDA. Algunos exigían que hubiera publicado el relato una década antes, aunque las represalias contra los críticos eran graves.

En 1993 se supo que la Stasi había registrado a Wolf como colaboradora (IM “Margarethe”) entre 1959 y 1962. Tras la publicación de su archivo bajo el título Akteneinsicht Christa Wolf, la autora intentó contextualizar su situación, aunque la revelación dañó su autoridad moral.

Un bestseller inesperado

Después de la reunificación, sus obras parecían perder vigencia. Sin embargo, en 2010 su novela Stadt der Engel (Ciudad de los ángeles) alcanzó las listas de éxitos, le valió el Premio Uwe Johnson y combinó recuerdos autobiográficos —incluida su estancia en Los Ángeles— con una trama ficticia.