Introducción
La biografía fue un género muy extendido en la historiografía clásica. Xenofonte dedicó una obra al rey espartano Agesilao, Tácito hizo lo propio con su suegro Julio Agricola y Suetonio escribió sus famosas Vidas de los Doce Césares. En esa tradición, Plutarco se destaca como el mayor exponente del género en Roma y Grecia.
Vida de Plutarco
Plutarco nació en la ciudad boea de Querenia entre el 45 y el 50 d.C., en una familia acomodada. Conocemos gran parte de su vida gracias a sus propias referencias. Estudió matemáticas y filosofía en Atenas, donde tuvo como maestro al egipcio Amónio, quien lo introdujo en los círculos de la Academia. Tras completar su formación, realizó varias misiones diplomáticas para su ciudad natal.
Sus viajes —a Egipto, Asia Menor y, sobre todo, a Roma— marcaron su carrera. No se conoce la razón exacta de su llegada a la península itálica (se descarta la antigua teoría de que fuera tutor del emperador Trajano). En Roma adquirió la condición de intermediario entre sus compatriotas y la capital imperial, lo que le valió cargos como sacerdote del santuario de Delfos, bajo cuya dirección el templo disfrutó de una nueva prosperidad, y archón de Querenia. La fecha de estos cargos y la supuesta procuración de la provincia de Acaya (según Eusebio de Cesarea) siguen sin confirmarse. Murió alrededor del 120 d.C., probablemente en su ciudad natal.
Obras perdidas y el catálogo de Lamprias
Como muchos historiadores clásicos, gran parte de los escritos de Plutarco se han perdido. En el llamado “Catálogo de Lamprías” (presumiblemente elaborado por uno de sus hijos) aparecen 227 títulos, de los cuales aproximadamente la mitad nos ha llegado. Sus obras abarcan crítica literaria, historia, filosofía, ética, pedagogía y retórica, y se agrupan principalmente en dos bloques: Moralia, con más de setenta tratados de filosofía práctica, y Vidas Paralelas.
Las Vidas Paralelas
Esta colección consta de veintidós pares de biografías, a los que se añaden cuatro vidas sueltas (Arato, Artajerjes II, Galba y Otho) que probablemente pertenecían a una ahora perdida Vida de los Césares. En total, cuarenta y ocho personajes, siempre presentados en parejas, uno griego y otro romano. Su fecha de composición se sitúa entre finales del siglo I y principios del II d.C., aunque el orden exacto de los textos sigue siendo objeto de debate.
Plutarco mismo aclara en el prólogo de la vida de Alejandro Magno que su obra no es una historia, sino una biografía: “no escribimos historias, sino biografías”. Su objetivo no es relatar cronológicamente los hechos, sino extraer lecciones morales que sirvan de ejemplo. Sin embargo, no abandona los criterios clásicos de la historiografía: compara versiones, elige la más fiable y evita tanto la adulación exagerada como la difamación injusta.
Método y objetivo moral
Plutarco busca, a través de las vidas de los grandes hombres, transmitir principios éticos y virtudes. En la biografía de Pericles afirma: “La virtud se manifiesta en los actos; admiramos y emulamos a quien actúa con virtud”. Para lograrlo, privilegia anécdotas, dichos y pequeñas acciones que revelan el carácter, más que los grandes acontecimientos militares.
Como explica en el prólogo de Alejandro, “la virtud o el vicio no siempre aparecen en las hazañas más ilustres; una palabra o una broma son mejor prueba del carácter que batallas donde mueren miles”. Así, su método consiste en penetrar los “signos del alma” y representar la vida del individuo a través de esos rasgos.
Estructura típica de una vida
Aunque varía, la mayoría de las biografías siguen este esquema: breve introducción, educación y juventud, primeros pasos en la vida pública o militar, hechos destacados (según la información disponible) y, finalmente, una synkrisis o comparación que subraya similitudes y diferencias entre los dos protagonistas del par. Plutarco otorga mayor peso a la formación y a los episodios personales, relegando batallas y asuntos políticos a un segundo plano.
Fuentes y audiencia
En las Vidas Paralelas aparecen más de cien referencias a otros historiadores. Es probable que Plutarco no hubiera consultado todos los textos originales, sino que los conocía a través de compendios o citas en obras ajenas. Su dominio del latín no era perfecto, lo que sugiere que tomó como modelo al historiador romano Cneo Nepote, autor de Sobre los hombres ilustres. Su público objetivo eran hombres cultos, educados, con responsabilidades políticas y de alto rango social, capaces de apreciar los ejemplos morales sin necesidad de una exposición detallada de los hechos históricos.
Conclusión
¿Fue Plutarco un historiador o simplemente un moralista que utilizó el pasado como pretexto para exponer sus ideas éticas? La respuesta sigue abierta, pero su obra posee un indudable valor histórico: no solo por los relatos de grandes acontecimientos, sino también por el reflejo que ofrecen de la sociedad imperial romana y de los principios morales que la regían en el siglo I d.C.