Una figura clave tras Hernán Cortés
"Quien quizá fue la figura más importante de la conquista de México, después de Hernán Cortés"
Gonzalo de Sandoval, el capitán más joven de Cortés, participó en la conquista de la Nueva España y destacó en las batallas principales.
Orígenes y primeros pasos
Nacido en Medellín (Badajoz) en 1497, Sandoval zarpó en su adolescencia hacia las Indias en busca de fortuna. Fue uno de los primeros colonos de Trinidad, Cuba, donde, como maestro constructor, dirigió las primeras edificaciones del poblado.
En 1519, cuando Cortés hizo escala en Trinidad rumbo al Yucatán, Sandoval se incorporó a la expedición conquistadora.
Características personales
Se le describe como un joven fuerte y de pecho amplio, con poco afán de riquezas pero sí de fama. Tenía una ligera tartamudez y un aspecto rudo que, combinados con su escasa educación, le daban una apariencia austera. Sin embargo, resultó ser un excelente capitán, hábil jinete y conocedor de la milicia, convirtiéndose en el lugarteniente de mayor confianza de Cortés.
Bernal Díaz del Castillo menciona que poseía el mejor caballo español, llamado Motilla. Por otro lado, el cronista Vázquez de Tapia lo califica de blasfemo y ateo.
Participación en la conquista
Tras el encuentro con los tlaxcaltecas, el gran jefe Xicotencatl ofreció a Cortés sus cinco hijas; la menor fue entregada a Sandoval como regalo especial. El 9 de noviembre de 1519, al reunirse con el emperador Moctezuma, Sandoval fue uno de los cuatro capitanes elegidos por Cortés. Días después, cuando se decidió tomar la capital azteca y capturar al emperador, Sandoval debatió la estrategia junto a Velázquez de León, Ordás, Alvarado y él mismo.
Pronto fue nombrado alguacil jefe, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes del nuevo orden.
Defensa de Veracruz y captura de Narváez
Sandoval sucedió a Alonso Grado como gobernador de Veracruz y organizó la defensa contra la llegada de la flota de Pánfilo de Narváez. Con apenas sesenta españoles, la guarnición resistió; Sandoval capturó a los negociadores enviados por Narváez y los entregó encadenados a Cortés.
El 28 de mayo de 1520 lideró el ataque nocturno al campamento de Narváez en Cempoal, cumpliendo la orden de tomarlo vivo o muerto. Al alba del 29, tomó prisionero a un Narváez gravemente herido en un ojo.
La Noche Triste y el asedio a Tenochtitlán
Tras la sangrienta Noche Triste, Sandoval regresó a la ciudad para organizar la resistencia y la posterior retirada española. Durante el asedio, comandó una de las tres compañías del ejército conquistador, compuesta por 24 caballos, 13 ballesteros, 4 arcabuceros, 150 infantes y 30 000 indígenas aliados.
El 13 de agosto de 1521, encabezó las brigantinas que atacaron desde el lago, y uno de sus hombres, García Holguín, capturó a Cuauhtémoc, hecho que Cortés inmortalizó en su escudo.
Conquistas posteriores y fundaciones
Como recompensa, Sandoval recibió extensas propiedades en la capital, pero pronto volvió al campo de batalla. En la región de Coatzacoalcos sometió a los pueblos de Tustepec, Huatusco y Oaxaca; fundó Medellín (en honor a su natal) y el puerto de Espíritu Santo en el Pacífico, y tomó Guastalpetec.
En 1523 aplastó brutalmente la rebelión huaxteca y lideró la primera expedición española a la costa de Jalisco, fundando el 25 de junio la ciudad de San Sebastián de Coloma y, más adelante, San Esteban del Puerto junto a la desembocadura del río Pánuco.
Continuó al lado de Cortés en la campaña de Hibueras (1524‑1525), que llevó a los españoles a territorios que hoy pertenecen a Honduras y Guatemala.
Últimos años y muerte
Al regresar a México, encontró la ciudad sumida en revueltas y bajo la vigilancia de un nuevo juez español. A finales de 1526 fue nombrado alcalde mayor para reforzar la autoridad de Cortés, pero su mandato duró pocos meses.
El 17 de marzo de 1528 zarpó a España con Cortés. El viaje y viejas heridas deterioraron su salud; cayó enfermo en una posada de Palos de la Frontera, donde fue asaltado, herido y le sustrajeron trece barras de oro que guardaba. Murió pocos días después en Niebla (Huelva) y fue sepultado en la iglesia de San Martín.
Bernal Díaz del Castillo, su compañero de armas, lo recordó como buen juez, administrador y, sobre todo, como un soldado ejemplar.