En la década de 1780, Manuela Beltrán encabezó la revuelta de los Comuneros en el Virreinato de la Nueva Granada (actual Colombia), protestando contra la autoridad española y su abusivo sistema tributario.

Poco se conoce de su vida. Nacida alrededor de 1750 en una familia humilde de origen español, vivió gran parte de su existencia en Socorro, una población del Virreinato. Dueña de una pequeña tienda de abarrotes, era una de las pocas personas del pueblo que sabían leer y escribir.
Revueltas y disturbios
En ese periodo el Imperio español trataba de mantener el control sobre sus colonias americanas, financiando sus ejércitos mediante la explotación de los territorios conquistados. Además de las haciendas y la extracción de metales, se impusieron nuevos gravámenes sobre el consumo de aguardiente y tabaco, la importación de mercancías y las ventas.
Durante el siglo XVIII surgieron varias rebeliones contra el dominio colonial, como las revueltas de 1752 y 1764‑1767 contra el monopolio del aguardiente. En 1779, 1 500 indígenas se alzaron contra los ocupantes, pero fueron sofocados.
La Armada de Barlovento
En 1781 el Visitador Regente, Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, restableció el impuesto a la Armada de Barlovento, un gravamen sobre la venta de productos como el algodón, que golpeó duramente a Socorro, principal centro textil de la región.
En marzo de ese año se colocó el edicto en la plaza central. Al ser una de las pocas personas alfabetizadas, Manuela Beltrán lo leyó en voz alta y, furiosa, rasgó el documento gritando: «¡Viva el rey, abajo el mal gobierno! ¡No queremos pagar la Armada de Barlovento!» Ese gesto desencadenó lo que se conocería como la revuelta de los Comuneros.
La revuelta de los Comuneros
Inicialmente la insurgencia estaba compuesta por los sectores más pobres, pero pronto se extendió a unos sesenta pueblos y aldeas, incorporando a comerciantes, artesanos y comunidades indígenas. Entre sus demandas estaba la restitución de tierras arrebatadas a los nativos.
Alrededor de 20 000 hombres, bajo el mando de Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata, Antonio Monsalve y Francisco Rosillo, marcharon hacia Santa Fe (hoy Bogotá). Fueron detenidos cerca de Zipaquirá, donde se inició una negociación que aceptó los 35 puntos del movimiento, entre ellos la reducción o supresión de impuestos, la libre empresa, mayor representación indígena en la administración y amnistía para los rebeldes.
El virrey Manuel Antonio Flores rechazó los acuerdos y envió un regimiento que capturó, ejecutó y exhibió públicamente a la mayoría de los líderes. Sus bienes fueron confiscados y sus descendientes sufrieron represalias. El destino de Manuela Beltrán tras la represión permanece desconocido.
Considerada una expresión popular de ira contra la autoridad colonial, la revuelta de los Comuneros marcó un primer paso importante hacia la lucha por la independencia.