Artista, escritora e intelectual francesa, Lucie Cousturier (1876‑1925) se inscribe en la corriente del neoimpresionismo y el puntillismo, destacándose por sus paisajes y obras al aire libre llenas de luz. Comprometida con la causa anticolonial, publicó varios textos que denunciaban el colonialismo.
Una joven puntillista
Lucie Cousturier nació como Jeanne Lucie Brû el 19 de diciembre de 1876 en una familia acomodada; sus padres fundaron la fábrica Les Poupées Brû, pioneros en la fabricación y comercialización de muñecas de caucho.
Desde la adolescencia mostró interés por la pintura. Estudió con los neoimpresionistas y puntillistas Paul Signac y Henri‑Edmond Cross, y mantuvo amistad con Georges Seurat. Signac y Seurat adoptaron un enfoque divisionista, descomponiendo los tonos en pequeños puntos de color que el ojo percibe como una unidad.
Bajo su influencia, Lucie aprendió la técnica del puntillismo y la incorporó a su obra, que combina tonos sutiles y explosiones de color propias del fauvismo.
Primeras exposiciones
En 1900 contrajo matrimonio con el crítico y pintor Edmond Cousturier; un año después nació su hijo. En 1901 realizó su debut en el Salon des Artistes Indépendants, recibiendo elogios de sus contemporáneos. Signac la describió como “maravillosamente dotada”. A partir de entonces presentó entre tres y ocho pinturas cada año.
Participó también en exposiciones colectivas en Bruselas y Berlín, perfeccionando su dominio del color y ganando mayor libertad artística. En 1907 organizó su primera exposición individual en París, en la galería de Eugène Druet, donde mostró paisajes pintados en plein‑air. Con el tiempo, se interesó por la acuarela.
Además de pintar, Lucie dedicó tiempo a la escritura, elaborando artículos y estudios sobre figuras clave del neoimpresionismo.
Extraños en mi casa
Al estallar la Primera Guerra Mundial, se trasladó a Fréjus, en el sur de Francia, donde continuó pintando al aire libre retratos, naturalezas muertas y paisajes bañados por la luz mediterránea.
Allí conoció a un grupo de soldados senegaleses que acamparon cerca de su vivienda antes de partir al frente. Convencida de que la enseñanza del francés en los campamentos era insuficiente, organizó clases de lengua y alfabetización en su casa, estrechando lazos de amistad con varios de sus alumnos. Esta experiencia la inspiró para crear el libro Extraños en mi casa, publicado en 1920.
Compromiso anticolonial
Tras el conflicto, Lucie viajó a África Occidental Francesa, visitando a algunos de sus antiguos estudiantes. El Estado francés le encargó estudiar a las poblaciones locales y, en particular, el papel de la madre en la educación de los niños. Durante siete meses recorrió la región, convivió con los habitantes y regresó con cuadernos de bocetos, un diario y una firme convicción anticolonial.
De vuelta en Francia, publicó varios textos que cuestionaban la relación entre África y Europa y denunciaban el colonialismo: La forêt du Haut‑Niger (1923), Mis extraños en casa, mi amiga Fatou, citadina (1925) y Mi amiga Soumaré (1925). También colaboró con el periódico Le Paria, órgano de los pueblos oprimidos de las colonias, convirtiéndose en una de las primeras intelectuales francesas en abordar el tema.
Lucie Cousturier falleció en París en junio de 1925, a los 48 años.




