Un misterio sin resolver
Hasta hoy no se conoce la ubicación exacta de los restos de Pedro Álvares Cabral. Tras comandar la famosa expedición de 1500 que descubrió Brasil, Cabral falleció en 1520 en Santarém, Portugal. Fue sepultado inicialmente en una tumba provisional y, en 1526, tras la muerte de su esposa Isabel de Castro, su cuerpo fue exhumado y reenterrado junto a ella en la iglesia de Nossa Senhora da Graça.
Con el paso del tiempo la tumba cayó en el olvido. Cuando los visitantes comenzaron a notar que la lápida sólo hacía referencia a Isabel, se abrió una investigación. En 1882 se descubrió que la sepultura contenía los restos de una oveja y los huesos de tres humanos: dos mujeres y un hombre. El hallazgo resultó desconcertante, pues se esperaría encontrar sólo los huesos de Cabral, su hijo varón y su esposa.
En 1903, bajo la campaña nacionalista iniciada por Dom Pedro II en 1871, se ordenó el traslado de los restos a Río de Janeiro. Sin embargo, la tumba que debía contener los huesos de Cabral ya albergaba cinco esqueletos masculinos, una mujer y dos niños. Los restos enviados a Brasil llegaron mezclados y, en 1961, la iglesia de São Tiago en Belmonte (ciudad natal de Cabral) recibió una supuesta donación de los “verdaderos” huesos procedentes de Santarém. Por ello, la ubicación exacta de los auténticos restos de Cabral sigue sin confirmarse. Algunos estudiosos creen que la tumba pudo haber sido profanada durante las invasiones francesas.
Curiosidad
Se dice que la falta de registros claros y la pérdida de documentos durante siglos han alimentado el mito de los huesos desaparecidos, convirtiendo a Cabral en una figura aún más enigmática para la historia portuguesa y brasileña.