Introducción
Mohamad Ahmed Abdallah nació en 1843 en Sudán, entonces una provincia bajo dominio egipcio y, en la práctica, controlada por funcionarios británicos. Criado bajo la estricta disciplina sufí, la corriente más mística del islam, rechazó el desprecio turco hacia los preceptos sagrados y la presencia de cristianos que dictaban el destino de los seguidores del profeta.
Retiro y misión espiritual
En 1871 decidió alejarse de la política y se instaló en la isla de Aba, a orillas del Nilo alto, en el oeste sudanés. Allí fundó una mezquita y un centro de estudio y oración. Tras consolidar su vida ascética, comenzó a viajar por el país, predicando las enseñanzas que había recibido y anunciando la llegada de un mesías que pondría fin al abandono turco de la provincia.
El mesianismo de Ahmed
Con una presencia imponente – alto, delgado, piel morena y barba cuidada – Ahmed transmitía autoridad sin necesidad de alzar la voz. Convencido de ser el Mahdi (el guiado), proclamó que su misión era sacudir Sudán, expulsar a los agentes del pasha y a los blancos cristianos que ocupaban Jartum, y que Dios le había encomendado una yihad contra los invasores.
Rebelión y caída de Jartum
En 1883 un ejército de derviches (como se autodenominaban los sudaneses) tomó la ciudad de El Obeid. El gobierno británico envió a Jartum al legendario general Charles Gordon, héroe de campañas en China y Rusia. En 1884 la guarnición anglo‑egipcia quedó sitiada; tras 320 días la ciudad cayó y Gordon fue asesinado. La victoria fue celebrada como el cumplimiento de la profecía que anunciaba la derrota del Dajjal, el demonio incrédulo.
Fin de la revuelta y legado
Ahmed murió poco después de contraer tifus. Sus seguidores fueron derrotados definitivamente en 1898, en la Batalla de Omdurman, cuando los británicos emplearon cañones de obuses y ametralladoras contra los derviches armados con palos y piedras. Aproximadamente 25.000 sudaneses murieron frente a 48 soldados ingleses.
Curiosidades
El relato de Ahmed Abdallah se popularizó en la revista Super Interessante (n.º 172), que resaltó su figura como una mezcla de líder religioso y rebelde contra el colonialismo.