historia historica

Capítulo 21: El sufismo en la India

Introducción

"Aarain (casta baja) y Sayyid (casta alta) nacen por doquier; a Dios no le importa la casta. Él rechaza la belleza y abraza lo feo. Si deseas el garden‑bahar (paraíso), conviértete en sirviente de los arios. Gracias al mundo creado por el Único." – Bulleh Shah

El islam llegó a la India junto con el sufismo, una corriente mística tan antigua como la propia fe islámica. Los sufíes, organizados en distintas órdenes y centros, se expandieron rápidamente y atrajeron tanto a hindúes como a musulmanes, que adoptaron sus enseñanzas de amor, tolerancia y búsqueda interior.

Orígenes del sufismo

El sufismo surgió de la corriente ascética y contemplativa de los primeros musulmanes, influenciado por tradiciones preislámicas de la península arábiga y por corrientes místicas de la India, Persia y el mundo grecorromano. Su esencia es el ‘Ishq‑Majazi’ (amor mundano) que busca transformarse en ‘Ishq‑Haqqi’ (amor divino).

Significado de la palabra “sufí”

Existen varias teorías sobre el origen del término:

  • Safa: pureza en pensamiento, palabra y acción.
  • Sophia: sabiduría o conocimiento.
  • Saf: fila o primera fila, aludiendo a los que estarán en la primera línea el Día del Juicio.
  • El suf de lana gruesa: símbolo de sencillez y renuncia que vestían algunos ascetas.
  • Derivado de la práctica mística del profeta Mahoma, reflejada en el Corán y los hadices.

La orden Chishti

La rama más popular y liberal del sufismo en la India es la orden Chishti. Fue fundada por Khwāja Abu‑Isaac‑Shami al‑Chishti, descendiente de Hazrat Ali, y tomó su nombre de la ciudad de Chisht, en Jorasán. Sus principales centros fueron Chisht y Firozkoh, de donde sus derviches se dirigieron a la India.

Ghaus‑ul‑Azam y la tradición del manto de lana

Ghaus‑ul‑Azam Abdul‑Jalil al‑Draz, cuya tumba se halla en Bagdad, fue un asceta que rechazó el calzado y vestía gruesos mantos de lana, práctica que algunos consideraron ajena al islam y vinculada a tradiciones cristianas. Sin embargo, el uso del manto simbolizaba humildad y desapego.

Moinuddín Chishti (1142‑1236)

Moinuddín, discípulo de Ghaus‑ul‑Azam, nació en Sistán y, tras ser nombrado sucesor en 1186, se dirigió a Afganistán y luego a la India. En 1191 llegó a Ajmer, donde adoptó el braj‑bhasha y las costumbres locales, incorporando el qawwali en lengua vernácula.

Según la tradición, el rey Prithviraj Chauhan intentó expulsarlo, pero Moinuddín, mediante su autoridad espiritual, logró su derrota.

Enseñanzas de Moinuddín Chishti

El maestro resaltó cuatro virtudes:

  1. El derviche que aparenta riqueza pero vive en pobreza.
  2. El hambriento que muestra satisfacción interior.
  3. El triste que se muestra alegre.
  4. El que considera a su enemigo como amigo.

Además, su discípulo Hamiduddín Nagori enumeró nueve reglas para el fakír:

  1. No generar ingresos propios.
  2. No pedir préstamos.
  3. Si pasa una semana sin comer, no buscar ayuda ni quejarse.
  4. No acumular alimentos, ropa o dinero para el día siguiente.
  5. Hablar solo palabras buenas; rezar por la guía del enemigo.
  6. Reconocer que todo bien proviene de la gracia divina.
  7. Abstenerse de repetir actos malos.
  8. Ayunar de día y adorar de noche.
  9. Hablar únicamente cuando sea necesario y siempre con palabras que agraden a Alá.

Para él, la mayor obra de caridad es ayudar a los huérfanos, y el amor era el puente que unía a hindúes y musulmanes.

Baba Fariduddin (c. 1173‑1265)

Originario de la zona de Kabul, Baba Farid renunció a la riqueza y se estableció en una choza a orillas del Sutlej, entre Multan y Delhi. Su mensaje de desapego y devoción atrajo a seguidores de ambas religiones.

Gesu Daraz (c. 1320‑1422)

Conocido por su larga cabellera, Gesu Daraz nació en Delhi y se trasladó al sur de la India, estableciéndose en el reino de Bahmani. Autor prolífico, se le atribuyen alrededor de 175 obras.

Conclusión

El sufismo, con su énfasis en el amor divino, la humildad y la convivencia interreligiosa, dejó una huella profunda en la cultura india. Las enseñanzas de los santos chishtíes continúan inspirando a millones, recordándonos que la verdadera espiritualidad trasciende castas, credos y fronteras.