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Los caballos de caballería jubilados: historias de lealtad y honor

El final de una carrera: el destino de los caballos de caballería

Los jinetes de la caballería pasaban más tiempo a horcajadas que con sus propias familias. Desde la silla observaban el mundo y allí forjaron su fama. Cuando la edad les impidió seguir en servicio, ¿qué les ocurría a estos fieles compañeros?

La mayoría era subastada y adquirida por particulares. Algunos terminaron trabajando para conductores de carruajes en Nieves (Nesvizh). Aunque ya no servían al ejército, no olvidaron el paso de desfile ni el sonido del cuerno.

Los caballos de caballería jubilados: historias de lealtad y honor

Los caballos de ulán habían recibido años de adiestramiento que conservaban aun en su “jubilación”.

Una anécdota cuenta que el Regimiento de Caballería 27 desfiló por la plaza de Nesvizh y su trompetero tocó la señal de formación. Los antiguos caballos militares, al oír el toque, se lanzaron a reunirse con sus jinetes, provocando un caos en la zona de aparcamiento de los carruajes. Sólo el silbato que marcó “¡alto!” logró controlar la situación.

Una vejez digna: el caso de Krechowiak

Algunos animales vivieron hasta el final en la unidad que los había criado. El más famoso fue “Krechowiak”, corcel del coronel Bolesław Mościcki, comandante del Regimiento de Lancero 1.º Krechowiecki.

Durante la Batalla de Krechowce el coronel cabalgó sobre él y, tras su muerte, el caballo acompañó el cortejo fúnebre. Pasó un tiempo en la finca de la duquesa Franciszka Korybut‑Woroniecka, cerca de Varsovia.

Los caballos de caballería jubilados: historias de lealtad y honor

Cuando el regimiento se reconstituyó en la Segunda República, Krechowiak volvió a ser la montura de cada nuevo comandante. Desde 1920 se convirtió en parte indispensable de la ceremonia de cambio de mando.

El animal figuró en la lista de méritos y el Ministerio de Asuntos Militares le concedió una ración vitalicia de alimentos. En el vigésimo aniversario del regimiento recibió una condecoración por “no haber dejado caer los colores”. Al final de sus días, con los dientes caídos, se alimentaba de pan remojado y avena triturada.

Grom, el “cabo” de cuatro patas

Otro héroe equino fue Grom, apodado “cabo”. Inició su servicio tirando cañones en los campos de batalla (1918‑1920). En una acción, cuando la mayoría de los animales fueron abatidos, él y otro caballo lograron sacar un cañón bajo fuego.

Los soldados le otorgaron el rango de cabo, aunque no existía tal reconocimiento oficial. Los reclutas debían rendirle honores pasando junto a su establo, como a un suboficial.

Los caballos de caballería jubilados: historias de lealtad y honor

Grom aprendió órdenes y reglamentos mejor que muchos jinetes y obedecía tanto al silbato como a la voz. En ceremonias importantes desfilaba con paso orgulloso y cabeza erguida, consciente de que representaba al regimiento.

En sus últimos años sólo participó esporádicamente en desfiles; sus piernas, agotadas por años de tiro, ya no respondían. Terminó sus días con la dignidad de un veterano y el sueño de un saco de avena.

Kasztanka, la yegua del Mariscal

La primera yegua de la Segunda República nació en Czaple Małe, propiedad de Ludwik Popiel, y fue entregada a la 1.ª Brigada de Legiones Polacas, bajo el mando de Józef Piłsudski. Se convirtió en su montura preferida y acompañó al Mariscal en todas sus apariciones públicas.

Tras la guerra, la yegua vivió en los cuarteles de los lanceros de Minsk, disfrutando de una vida apacible. Sin embargo, el 3 de noviembre de 1927 fue cargada sin supervisión en un vagón de tren rumbo a Mińsk Mazowiecki. El viaje provocó graves lesiones; pese a los intentos de varios veterinarios, falleció el 22 de noviembre.

Los caballos de caballería jubilados: historias de lealtad y honor

Su piel fue taxidermizada y expuesta en el Palacio Belvedere hasta 1935. Los restos restantes fueron enterrados en el parque de los cuarteles del 7.º Regimiento de Ulanes, bajo una lápida que dice: “Aquí yace Kasztanka, la yegua favorita del Mariscal Piłsudski”.

En el funeral de Piłsudski, se utilizó una réplica de la yegua (con tres medias blancas) para acompañar el cortejo, pues la original ya había fallecido años atrás.

Fuentes

  • P. Jaźwiński, Officers and gentlemen. Private and business life of cavalrymen of the Second Republic of Poland, Erica, 2011.
  • M. Jankowski, Kasztanka siempre viva, “Focus Historia”, 12 de abril de 2010.