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La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

La Navidad debería ser un momento de unión y esperanza, pero la Segunda Guerra Mundial destruyó esa tradición familiar. Desde 1939, las familias polacas dejaron varios asientos vacíos en la mesa de Nochebuena, esperando invitados que nunca llegarían.

Los polacos bajo ocupación alemana o soviética no pudieron celebrar con alegría. Sin embargo, aun en medio del horror, surgía un tenue optimismo al compartir la oblea y formular deseos como “Otro Navidad será en una Polonia libre”. Nadie sabía cuánto tiempo tendría que esperar para ver cumplida esa esperanza.

Un árbol de Navidad diminuto, una cena de Nochebuena muy modesta, profunda depresión por la pérdida de seres queridos y el constante clamor de que “Polonia debe ser libre”

Así recordaba Czesław Skorupski, soldado de la 14ª División de Infantería de la Gran Polonia.

En algunos casos la Navidad trajo más tristeza que alegría, como la familia del sacerdote Czesław Wojtyniak, obispo auxiliar del Ejército Polaco, asesinado en una prisión soviética la víspera de Navidad.

La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

La Navidad durante la guerra fue una de las más tristes de la historia.

Los soldados reclutados en septiembre de 1939 tampoco pudieron descansar. Lejos de casa, bajo la amenaza constante de un ataque alemán y sin posibilidad de una desmovilización rápida, vivían en una guerra que se describía como “extraña”. La esperanza no llegó ni siquiera con la misa por la paz del Papa Pío XII.

El rey Jorge VI dirigió un mensaje al pueblo británico:

“El nuevo año se acerca. No sabemos qué nos traerá. Si llega la paz, estaremos agradecidos; si continúa la lucha, permaneceremos firmes.”

Pocos días después, se anunció el racionamiento de alimentos en Inglaterra, incluido el uso de tarjetas de carne. En Finlandia, la Navidad también estuvo marcada por la guerra contra el Ejército Rojo, más numeroso y mejor equipado.

Navidad de 1940: Alemania avanza imparable

El siguiente año la perspectiva de derrotar a los alemanes parecía cada vez más lejana. El Tercer Reich alcanzó su mayor poder, conquistando Dinamarca, Noruega, Bélgica, Países Bajos y Francia. Miles de soldados quedaron prisioneros, heridos o muertos, recordados hoy con cruces de madera y placas con sus nombres.

En Auschwitz, el primer año de existencia del campo, los prisioneros vivieron una Navidad particularmente cruel. Según el testimonio de Karol Świętorzecki, los alemanes colocaron un árbol iluminado en la plaza del campamento y bajo él dejaron los cuerpos de los internos que habían muerto de frío y agotamiento, calificándolos como “un regalo para los vivos”. Incluso prohibieron cantar villancicos.

La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

Leon Mateja recordó:

“En nuestro bloque de enfermería improvisamos un árbol con lo que pudimos encontrar y cantamos villancicos polacos. No había comida parecida a la de Nochebuena; solo recuerdos, lágrimas y el deseo de sobrevivir y volver a casa.”

El 24 de diciembre de 1940 Rudolf Hess dirigió un mensaje a los alemanes, y en Inglaterra el discurso de Jorge VI, pronunciado el 25 de diciembre, perdió la esperanza del año anterior ante la rápida derrota de Francia y la amenaza de una invasión alemana.

1941 – La guerra sigue sin señal de final

La Nochebuena de 1941 no trajo consuelo a los polacos bajo ocupación ni a los que habían huido. La represión alemana se intensificó: redadas, fusilamientos en la calle y los infames campos de Pawiak y Aleja Szucha. En Auschwitz, 300 prisioneros soviéticos fueron ejecutados mientras trabajaban, y 42 murieron de hipotermia durante el recuento de presencia.

Aunque los alemanes intentaron quebrantar el ánimo, los internos mantuvieron viva la esperanza. Józef Jędrzych relató cómo, a pesar del frío y del idioma impuesto, cantaron “Mazurek Dąbrowski” y abrazaron con fuerza, recordando ese momento como imborrable.

La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

El capitán Witold Pilecki aportó un símbolo de resistencia: colocó una insignia de águila blanca en el árbol de Navidad clandestino de Auschwitz.

En la Unión Soviética, tras la fallida Operación Barbarroja, la población de Moscú comenzó a comprar árboles y adornos, aunque la guerra siguió marcando la vida cotidiana.

1942 – El primer rayo de esperanza

En 1942 la situación empeoró en la mayor parte de Europa ocupada, pero la derrota alemana en Stalingrado empezó a minar el mito de la invencibilidad del Wehrmacht.

En Auschwitz II‑Birkenau los alemanes organizaron un “árbol de Navidad” bajo el cual colocaron cuerpos de prisioneros muertos. Krystyna Aleksandrowicz describió la escena: “Nos obligaron a cargar tierra en los abrigos; los que no recogían suficiente eran fusilados. Luego, bajo el árbol, se depositó una pila de cadáveres.”

Aunque la tragedia reinaba, los internos lograron encender velas en una rama de abeto oculta y cantar villancicos, ofreciendo breves momentos de consuelo.

En el frente oriental, los soldados alemanes en Stalingrado intentaron recrear la Navidad con árboles improvisados, regalos modestos y, en ocasiones, champagne, aunque la batalla siguió con temperaturas de hasta –25 °C y bombardeos constantes.

La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

En el norte de África, los británicos recuperaron Túnez el 23 de diciembre, mientras que en el Pacífico los estadounidenses fueron obligados a continuar ofensivas en Guadalcanal a pesar de la Navidad.

1943 – ¿El inicio del fin?

En el campo de concentración de Auschwitz, el nuevo comandante Arthur Liebehenschel redujo algunas brutalidades y permitió que los prisioneros recibieran paquetes de sus familias. Compartieron la oblea con los judíos y organizaron pequeñas cenas de Nochebuena.

El 25 de diciembre, el general Dwight Eisenhower fue nombrado Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa. En el Pacífico, la Armada estadounidense bombardeó bases japonesas en el archipiélago de Bismarck.

Los soviéticos cortaron la línea ferroviaria Vitebsk‑Polotsk y reanudaron la ofensiva Oranienbaum, mientras que la Royal Navy británica hundió el acorazado alemán Scharnhorst.

1944 – La victoria se vislumbra

En 1944 la atmósfera de la Nochebuena cambió: la derrota del Tercer Reich era evidente. En Auschwitz, el sacerdote Władysław Grohs de Rosenburg celebró una Misa de Medianoche con el consentimiento de los supervisores. Mujeres del sub‑campo Birkenau confeccionaron alrededor de 200 juguetes para los niños del hospital, entregados por un prisionero disfrazado de Santa Claus.

“Arreglamos un árbol con ramas del campo, lo decoramos y cantamos villancicos en secreto.” – Janina Smutek

En el Frente Oriental, el Ejército Rojo liberó Budapest el día de Navidad. En el Pacífico, los estadounidenses desembarcaron en Luzón el 25 de diciembre, mientras los submarinos alemanes seguían hundiendo buques aliados.

La Navidad más triste: en el frente, en el campo y bajo la ocupación

1945 – Navidades de posguerra

El fin de la guerra llegó en 1945, pero la Navidad siguió marcada por la pérdida y el luto, especialmente en Polonia, donde familias recordaban a los muertos y a los que nunca regresarían. En Europa del Este, la ocupación soviética iniciaría una nueva era que duraría hasta 1989.

Łukasz Grześkowiak, Paweł Szymański

Bibliografía

  1. H. Buell, World War II – The Complete Chronicle Of The World's Greatest Conflict, Black Dog & Leventhal Publishers, 2002.
  2. OŚ Oświęcim – People – History – Culture, Nº 8, 2008.
  3. https://auschwitz.org/