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Úlceras sangrantes y cadáveres en los ríos: la cruda realidad de la antigüedad durante las epidemias

Las epidemias han acechado a la humanidad desde los albores de la historia. Influyeron en el destino de guerras, alteraron el equilibrio político y diezmaron sociedades enteras. Afectaron por igual a ricos y pobres, mostrando una crueldad indiscriminada. Acompáñanos a descubrir las más emblemáticas epidemias del mundo antiguo.

El origen del término "epidemia"

La primera aparición de la palabra epidemia en la literatura se da en Homero, en "La Ilíada", aunque con un sentido muy distinto al actual. Para Homero, el vocablo significaba "nacional" o "del hogar", como se evidencia en fragmentos donde forma parte de expresiones como "guerra civil" o "el que vuelve a casa".

Fue Sófocles, en su tragedia "Edipo Rey", quien utilizó un término más cercano a la acepción moderna al describir la "propagación por el país" de la fama del rey. Sófocles escribe casi al mismo tiempo que se compila el Corpus Hipocrático, la obra médica más antigua que se conserva.

Úlceras sangrantes y cadáveres en los ríos: la cruda realidad de la antigüedad durante las epidemias

En la "Ilíada" se menciona que los soldados que sitiaban Troya luchaban contra una plaga que azotaba el campamento.

El concepto de epidemia tal como lo entendemos hoy no aparece claramente hasta la época romana, concretamente en el siglo IV d.C., en la obra de Ammiano Marcelino "Historia de Roma".

«El primer tipo de plaga se llama pandemia: interrumpe la vida de los habitantes de zonas áridas con fiebre persistente; el segundo tipo, epidemia, es estacional, reduce la agudeza visual y produce una peligrosa acumulación de humedad».

En la literatura romana, el término más frecuente para describir estas catástrofes era pestilentia. En los libros de Tito Livius Ab urbe condita, la palabra aparece varias veces al referirse a las epidemias que asolaron Roma. Más tarde, bajo el imperio de Claudio, el concepto se sustituyó por morbus, literalmente "enfermedad".

Plagas que azotaron Roma

Según Tito Livius, la República romana sufrió nueve brotes epidémicos. Plinio el Viejo también describe brotes de gran escala, y Suetonio menciona la plaga posterior a la erupción del Vesubio, destacando la "solicitud paternal" del emperador Tito hacia sus súbditos.

Otro brote ocurrió entre el 249 y el 268 d.C. Aunque los detalles son escasos, los textos señalan guerras y hambruna como factores agravantes. Eusebio de Cesarea, en "Historia de la Iglesia", subraya que los montones de cadáveres en los ríos alimentaban la propagación de la enfermedad.

Impacto militar de las epidemias

Los brotes infecciosos a menudo paralizaban operaciones militares, provocaban derrotas decisivas y, en ocasiones, ponían fin a campañas enteras. Homero ya relata que la plaga que asoló a los aqueos empezó matando animales y luego pasó a los humanos.

El brote más antiguo que conocemos es la epidemia de triquinosis, que se extendió entre los cartagineses enviados a Sicilia en el 422 a.C. La enfermedad, causada por larvas de Trichinella spiralis, se contraía al consumir carne contaminada.

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En la era antigua, las epidemias golpeaban con frecuencia a la población.

La peste peloponesia

Una de las más famosas es la peste que asoló Atenas en 430 a.C., descrita por Tucídides, testigo ocular de la guerra del Peloponeso. Los primeros síntomas incluían fiebre alta, ansiedad e insomnio; pronto aparecían hemorragias en ojos, lengua y boca, seguidas de tos fuerte, vómitos y secreción nasal. Los enfermos se sentían tan calcinados que deseaban lanzarse desnudos al agua fría.

La enfermedad provocaba la muerte en siete a nueve días. Los supervivientes quedaban marcados con pérdida de extremidades u órganos. Curiosamente, incluso los animales carnívoros evitaban los cuerpos de los fallecidos. Estudios de ADN modernos sugieren que el agente pudo haber sido Salmonella typhi, causante de la fiebre tifoidea.

El impacto fue devastador: aproximadamente uno de cada cuatro soldados atenienses murió, y Pericles también falleció. La derrota debilitó a Grecia, allanando el camino para la ascensión de Filipo II décadas después.

La plaga antonina (plaga de Galeno)

Conocida como la plaga antonina o plaga galénica, este brote fue documentado por el médico Galeno. Los pacientes presentaban úlceras negras, diarrea, vómitos, dolores estomacales y tos. Los días más críticos eran entre el noveno y el duodécimo día de la enfermedad; la curación comenzaba cuando las ampollas se secaban y caían.

El miedo a la propagación llevó a la promulgación de leyes que regulaban los enterramientos y prohibían la construcción de tumbas junto a viviendas.

La plaga acompañó la guerra contra los escitas; ambas partes sufrieron la misma enfermedad, lo que frustró los planes militares. Según Cipriano de Cartago, los síntomas empezaban con problemas estomacales y llagas en la garganta, seguidos de fiebre alta, vómitos y ojos rojos con sangre. Los enfermos perdían la movilidad, la audición y, en muchos casos, la vista.

Úlceras sangrantes y cadáveres en los ríos: la cruda realidad de la antigüedad durante las epidemias

Conclusión

Las epidemias y plagas han determinado el curso de la historia en múltiples ocasiones. En la antigüedad, provocaron la caída de Atenas y Cartago, impidieron que Alejandro Magno avanzara hasta la India y contribuyeron al declive del Imperio romano.

Los antiguos desconocían las causas de estas enfermedades y luchaban contra ellas en la oscuridad. La falta de medidas higiénicas, como el lavado de manos, les costó innumerables vidas.

Bibliografía

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  2. K. Harper, The Fate of Rome: Climate, Disease, and the End of an Empire, Princeton University Press, 2017.
  3. J. Iwańska, Epidemics in ancient Greek and Roman sources, SEMINARE, vol. 30, 2011, pp. 209‑221.
  4. J. Iwańska, The meaning of the term epidemic in ancient Greco‑Roman literature. An attempt to analyze on selected examples, SEMINARE, vol. 35, no. 4, 2014, pp. 175‑184.