Introducción
Harry Harlow dedicó años a estudiar cómo el contacto físico influye en el desarrollo de los mamíferos. Demostró que la ausencia de caricias maternas tiene consecuencias trágicas, pero la forma en que llevó a cabo sus experimentos resulta escalofriante.
Método del “cría fría”
Hoy en día es indiscutible que el tacto es esencial para el desarrollo infantil. Sin embargo, a mediados del siglo XX esta idea aún no estaba aceptada. En la década de 1950 predominaba la regla holandesa de las “tres R”: rust, reinheid, regelmaat (calma, limpieza y regularidad). Los niños debían aprender a comportarse de forma tranquila, sin permitirles ser mimados; el cuidado se reducía a alimentarlos, cambiarles el pañal y acostarlos.

En ese contexto, Harlow quiso demostrar que el contacto afectivo era indispensable, aunque la forma en que diseñó sus pruebas supera incluso el guion de muchas películas de terror.
Madres artificiales
El psicólogo estadounidense utilizó macacos rhesus, animales con gran similitud biológica con los humanos. Separó a un grupo de crías de sus madres biológicas y les ofrecía dos “madres” de sustitución:
- Una estructura de alambre sin ninguna suavidad.
- Un muñeco recubierto de tela suave que imitaba el pelaje.
El objetivo era observar cómo influía el tipo de sustituto en el comportamiento y el desarrollo futuro de los monos.

Cuando ambas opciones estaban disponibles, los crías preferían la madre de tela, incluso si ésta no proporcionaba alimento. Sólo se acercaban a la estructura de alambre cuando el hambre los obligaba.
Situaciones de miedo
Para evaluar la respuesta al estrés, Harlow introdujo un estimulo aterrador: un osito de peluche que golpeaba un tambor ruidosamente. Los monos asustados buscaban refugio en la madre suave; si sólo había alambre, se acurrucaban entre ellos o se quedaban paralizados.
El experimento escaló cuando el equipo diseñó “madres monstruo”, que combinaban la textura agradable con trampas desagradables:
- Una que vibraba violentamente.
- Otra que expulsaba un chorro de aire.
- Una tercera con una estructura metálica que rechazaba el abrazo.
- Una última equipada con puntas romas que pinchaban al animal.

A pesar del sufrimiento, los macacos seguían buscando el contacto con esas “madres”, demostrando una necesidad de afecto que superaba el dolor físico.
Consecuencias para los animales
Los resultados fueron desastrosos. Aunque consumían la misma cantidad de alimento y mantenían un peso similar, los monos criados sin contacto suave mostraron:
- Menor juego y mayor diarrea.
- Comportamiento anómalo comparable al de personas con trastornos mentales.
- Desconfianza extrema, aislamiento social y mayor agresividad.
- En hembras adultas, ausencia de actividad sexual y abandono de sus propios crías.
- Alteraciones fisiológicas: respiración más rápida, presión arterial elevada y movimiento menos eficiente.
- Daños cerebrales irreversibles evidenciados en autopsias.

Por razones evidentes, estos experimentos no pudieron replicarse en niños; Harlow nunca pretendió aplicarlos a seres humanos.