No era una historia de amor convencional de la II MM. Todo comenzó de forma dramática: ella, él y la cámara de gas.
En enero de 1932 la prima lejana de Adolf Hitler, Aloisia Veit, comenzó a mostrar un comportamiento cada vez más extraño mientras trabajaba como camarera en un hotel de Viena. Afirmaba que fantasmas la perseguían por los pasillos. En febrero fue internada por orden judicial en un psiquiátrico, donde los médicos le diagnosticaron esquizofrenia. Durante nueve años estuvo encadenada a una cama metálica y llegó a pedir veneno para acortar su sufrimiento.
Al mismo tiempo, la Alemania nazi empezaba a considerar a los enfermos mentales como “inútiles” para la raza del "superhombre". Hitler, cuya propia familia estaba plagada de casos de consanguinidad y alcoholismo, repudiaba su origen.

Aunque Aloisia era prima de Hitler, no recibió ningún trato preferencial.
Las Leyes Raciales de Núremberg, firmadas por el Führer, sellaron su destino. A la señora Veit se le asignó el número 2155 y fue trasladada al centro de eutanasia de Hartheim, un antiguo convento de las Hermanas Pallottinas dedicado a personas con discapacidades físicas y mentales.
En el castillo de Hartheim, en la Alta Austria, fue llevada a la cámara de gas y asesinada en diciembre de 1940.

El doctor Erwin Jekelius, médico de la SS que aspiraba a ser cuñado de Hitler, dirigía el centro.
Hitler ordenó personalmente la eutanasia de su prima; sin embargo, el Führer no consideró a Jekelius lo suficientemente digno para entrar en su familia.
Una hermana discapacitada y un médico psicópata
Paula Hitler, la única hermana de Adolf, había adoptado el nombre de “Wolf” por orden de su hermano. Afirmó en 1946 ante los estadounidenses que no sabía nada de los crímenes nazis. En la infancia Adolf la golpeaba y, de adulto, la describía como “idiota”. Aun así, debido a la diferencia de edad y al hecho de haber quedado huérfana, ella lo trataba como a una figura paterna y le pidió permiso para casarse.
El elegido de Paula fue Erwin Jekelius, el mismo que había dirigido la muerte de su prima Aloisia. Existen dos versiones sobre su primer encuentro: una dice que Paula acudió a Jekelius para evitar que un familiar fuera enviado a Hartheim; la otra sostiene que, con una ligera discapacidad, buscó tratamiento en la clínica del doctor, quien la sedujo.

Aunque el entorno –un hospital psiquiátrico– no era romántico, la pareja se enamoró y decidió casarse. Para Jekelius, casarse con la hermana de Hitler sería el mayor honor.
Paula intentó distanciarse de la ideología nazi, pero su esposo fue responsable de la muerte de casi 800 niños del Spiegelgrund y de miles de pacientes en los programas de “purificación racial”.
El enfado de Hitler
Cuando Jekelius viajó a Berlín para pedir la mano de Paula, Adolf se enfureció. Como castigo, el futuro cuñado fue enviado al Frente Oriental y posteriormente a un campo de trabajo. Sobrevivió, pero pasó varios años en condiciones de gulag después de ser capturado.

Paula, separada de su prometido por su hermano, nunca volvió a casarse ni tuvo hijos. Murió en Baviera y su tumba fue cuidada por veteranos de la SS.
Según el periodista sueco Steve Sem‑Sandberg, en su libro "The Chosen", la razón de la destierro de Jekelius al Este fue que pacientes de familias influyentes empezaron a desaparecer, lo que alertó a la Cancillería del Reich y provocó su castigo.