Gala Dalí: la musa, la ninfómana y la mujer más libre de su época
Mary Ann Caws, biógrafa de Salvador Dalí, describió a Gala como “todo violento, exagerado y loco”. Su vida sorprendió a la sociedad de la primera mitad del siglo XX: hizo cosas que, en aquel entonces, solo los hombres podían hacer sin censura.
Un matrimonio controvertido
Para estar con Dalí, Gala abandonó a su primer esposo, el poeta francés Paul Éluard, y a su hija. La familia de Dalí la tachó de “madre degenerada” y “prostituta”. Además, Éluard era amigo cercano de Dalí y Gala tenía una década más que él.
Aunque la opinión pública la condenaba, Gala vivió al margen de las convenciones. Adoptó la máxima que su padrastro ruso le dijo: “Sé tú misma”.

Primer matrimonio: Paul Éluard
Gala, cuyo nombre real era Jelena, conoció a Éluard en 1913 en un sanatorio. Se casaron después de que ella dejara Rusia y se instalara en París. La noche de bodas, según relata Carmen Domingo, él esperó a una “virgen tímida” y se encontró con una mujer de gran vigor sexual, lo que le hizo sospechar que había aprendido esas técnicas con otro hombre.
Ambos toleraban la infidelidad siempre que se informaran mutuamente. Éluard disfrutaba observar a Gala con otros hombres y llevaba fotos de ella desnuda en su cartera para mostrárselas a sus amigos.
Durante varios años, el pintor Max Ernst vivió con la pareja. Gala le comentó: “Resulta que, aunque no lo sabía, soy una mujer de muchos hombres, al igual que Paul es un hombre de muchas mujeres”.
Segunda unión: Salvador Dalí
Con Dalí, Gala no ocultó sus numerosos amantes. El propio Dalí aceptó sus excesos, aunque él mismo era impotente y no podía satisfacer sus fantasías. Gala comprendió pronto que sería la musa permanente de Dalí, pero nunca su amante íntimo.

Dalí, quien se proclamaba conservador, pintó obras como “Madonna de Port Lligat” con Gala como modelo, obra bendecida por el Papa. Sin embargo, organizaba orgías como observador, mientras Gala mantenía una constelación de amantes hasta el final de su vida.
Los periodistas mostraron poco interés en sus confesiones, como refleja Domingo: “¿Cómo no interesarse por las fantasías eróticas de una mujer madura que conoce su cuerpo mejor que muchas jóvenes?”.

El papel de Gala en la carrera de Dalí
Gala no solo fue musa; gestionó la vida profesional de Dalí. Contactó galerías, compradores y patrocinadores, organizó becas y encargó pedidos de obras. Su energía emprendedora fue clave para que el genio alcanzara la fama mundial.
A cambio, usó la fortuna del artista para consentir a sus amantes, regalándoles obras caras y financiando viajes lujosos.

Amores tardíos
En los años 70, Gala se enamoró del joven estadounidense William Rothlein, un adicto a la droga que ella descubrió en Nueva York. Lo llevó a Italia, lo presentó a Federico Fellini, pero la relación se extinguió rápidamente.
En sus últimos años, a los 80 años, mantuvo una relación con el rockero Jeff Fenholtta, 57 años menor. Le compró una casa en Estados Unidos y lo invitaba a su palacio en España.
El final de una vida extraordinaria
El matrimonio con Dalí duró 53 años, pero la violencia y los celos crecieron. Dalí le rompió dos costillas en una pelea; ella, sin divorciarse, le administró tranquilizantes para calmar su temperamento.
Gala murió en junio de 1982, sin que Dalí estuviera a su lado. Su residencia, el Castillo de Púbol, quedó rodeada de jardines que a veces el propio Dalí no podía visitar.
Salvador Dalí pasó a la historia como genio del surrealismo; Gala quedó como la excéntrica musa y, para muchos, como la ninfómana que desafió los valores de los años 60 y 70.
¿Una mujer de 70 años acariciando a hombres de 20 en público? Hoy sigue pareciendo escandaloso, aunque la sociedad ha normalizado relaciones similares entre hombres mayores y mujeres jóvenes.