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El romance más trágico de Auschwitz

Se conocieron en Auschwitz

Mala Zimetbaum, judía belga de origen polaco, fue arrestada por la Gestapo en la redada de la estación de Amberes en 1942 y, tras varios meses, trasladada a Auschwitz. Por su talento con los idiomas (alemán, francés, holandés, italiano, polaco y algo de ruso) pronto se convirtió en traductora del campo, trabajando en la oficina y ganándose el cariño de sus compañeras por su amabilidad y buen humor.

Edward Galiński llegó al campo en junio de 1940, con 17 años, detenido en la Operación AB contra la intelligentsia polaca. Fue asignado a un taller de cerrajería, donde conoció al joven oficial SS Edward Lubusch.

El amor floreció entre el horror

En 1943‑44, Mala y Edward (apodado “Edek”) comenzaron una relación que, según sus compañeras, parecía sacada de una tragedia shakespeariana. En medio del polvo de los hornos crematorios, buscaban “migajas de normalidad”.

«No temáis, la vida y la muerte decidirán por sí mismas; aquí no habrá muertes extrañas», decía una prisionera a Mala.

Mala ayudaba a sus compañeras: robaba fotos a los niños de Zofia Bator, les dibujaba números de tatuaje para que no los perdieran, les enseñaba canciones francesas y les ayudaba a escribir cartas a sus familias.

Edward, descrito por su amigo Wiesław Kielar como “extremadamente guapo, valiente y dispuesto a arriesgarse”, también confesó su amor por Mala. Su intimidad se vivía en lugares inesperados, como la sala de rayos X del bloque 30, utilizada por el doctor Mengele para experimentos.

Un oficial SS compasivo

El joven oficial SS Edward Lubusch, de origen polaco‑alemán, mantuvo su humanidad en medio del horror. Aunque se había ofrecido como voluntario para Auschwitz sin conocer la realidad del campo, se negó a participar en actos de brutalidad y, a menudo, fue sancionado por su gentileza. Dirigía un taller donde los prisioneros enfermos recuperaban fuerzas y, gracias a él, Edek obtuvo el uniforme y la pistola necesarios para la fuga.

«Lubusch era demasiado amable para permanecer mucho tiempo como bloqueführer; fue trasladado a Stutthof, pero siguió tratando a los prisioneros con más humanidad», recuerda una testigo.

La fuga

El 24 de junio de 1944, Edek, disfrazado con el uniforme de SS y armado con una pistola de tres balas, salió del campo guiando a Mala. Al cruzar la puerta, Mala se quitó el uniforme a rayas y se puso un vestido, pareciendo la novia del oficial.

Sin embargo, la suerte les abandonó: Mala fue detenida por una patrulla alemana en el taller y Edek, al enterarse, abandonó su escondite para intentar rescatarla. Ambos fueron recapturados y devueltos a Auschwitz.

Desenlace trágico

Los amantes fueron enviados al bloque 11, conocido como “Bloque de la Muerte”, y encerrados en celdas separadas. Sufrieron torturas y, a pesar de los esfuerzos de Lubusch por protegerlos, fueron condenados a muerte.

«Edek subió al taburete, la sentencia se leía en alemán y polaco, pero antes de terminar se le cayó la soga; un kapo lo salvó y la lectura se reanudó», relata Wiesław Kielar.

Edward fue fusilado tras un breve intento de resistencia. Mala intentó suicidarse con una navaja, pero los guardias la golpearon y la obligaron a subir al crematorio. Según testimonios, algunos SS le dispararon en la cabeza para acortar su sufrimiento, mientras que otros aseguran que fue incinerada viva.

Como recuerdo de este amor imposible, el Museo de Auschwitz conserva mechones de cabello de la pareja envueltos en papel.