Los historiadores y los rumores sobre la vida sexual de Catalina la Grande
Según algunos testimonios, la zarina habría tenido cientos de amantes, incluso un caballo, y habría disfrutado de actos lascivos en una supuesta "cámara del placer". ¿Son ciertos estos relatos o se trata de exageraciones?
El historiador Julian Ursyn Niemcewicz la describió como "promiscua y sinvergüenza". Adam Mickiewicz la llamó "la mujer más completa" y la comparó con Venus. Por su parte el conservador Stanisław Tarnowski la tachó de "encarnación de la impiedad" y afirmó que «no tenía conciencia porque no poseía ninguna».
Algunos investigadores van más allá, señalándola como "la ramera de todos los tiempos" o "la alquimista del sexo". No cabe duda de que Catalina no era ajena a los placeres carnosos, pero ¿merecía realmente el epíteto de ninfómana?
Un matrimonio sin pasión
Cuando llegó a la corte rusa en 1744, nada anunciaba la vida escandalosa que tendría. Su relación con el zar Pedro III era distante; él se enamoraba repetidamente de sus mansiones y mostraba poco interés por sus deberes conyugales. Catalina afirmó haber permanecido virgen durante los primeros cinco años de matrimonio y solo retomó las relaciones sexuales una década después.
Aunque en su infancia se describía como inocente, pronto empezó a explorar su sexualidad, influenciada por lecturas como la vida de Juana de Nápoles y las "Vidas de las damas frívolas" de Brantôme, que despertaron su curiosidad.
Los rumores sobre la vida íntima de Catalina son abundantes y a menudo contradictorios.
Una de las leyendas más escandalosas afirma que, antes de llegar a Rusia, habría tenido relaciones con un caballo, una versión que incluso sugiere que el animal sería la causa de su muerte. Estas historias carecen de fundamento histórico.
La supuesta "cámara del placer"
Se dice que la zarina introdujo a las damas rusas en el arte del amor francés y que aprendió técnicas de fellatio de diplomáticos parisinos. Durante la Segunda Guerra Mundial, soldados descubrieron en el Palacio de Tsarskoye Selo una habitación supuestamente llena de objetos eróticos.
Las autoridades soviéticas negaron su existencia, alegando que la colección había sido destruida en 1950. El director alemán Peter Woditsch investigó el asunto en su documental "Los secretos perdidos de Catalina la Grande", mostrando fotografías de 1941 que, según él, revelaban tanto un apetito sexual voraz como tendencias sado‑masoquistas. Sin embargo, nunca se pudo confirmar la existencia de la habitación.
Lo que sí es indiscutible es que Catalina mantuvo numerosos amantes, algunos de los cuales fueron oficiales de alto rango como el príncipe Grigorio Potemkin.
El examen de los amantes
Tras la muerte de Pedro en 1762, la zarina quedó con total libertad para su vida íntima. Según el investigador Andrzej Andrusiewicz, "dieciséis favoritos oficiales pasaron por su alcoba imperial" y se cuentan al menos 21 amantes oficiales, sin contar los encuentros breves.
Se dice que, durante los primeros trece años de su reinado independiente, la viuda del zar "contrató" a quince jóvenes para satisfacer sus deseos nocturnos, apodados "emperadores de la noche".
El proceso de selección era riguroso: los candidatos eran evaluados por su aspecto, su salud (se comprobaba la ausencia de sífilis o gonorrea) y sus habilidades eróticas, bajo la supervisión de la propia zarina y de la condesa Bruce.
Críticas contemporáneas
El embajador británico James Howard Harris describió la corte de Catalina como "un escenario de depravación e inmoralidad" y advirtió que la Emperatriz no cambiaría su conducta, ni en lo público ni en lo privado.
Se le acusó de dejar que su libido influyera en decisiones políticas, llegando a algunos a calificarla de ninfómana y afirmar que Rusia estaba gobernada por la coincidencia y no por la zarina.
Sin embargo, muchos historiadores consideran que esas acusaciones están exageradas. A lo largo de la historia, reyes, militares y clérigos han tenido múltiples amantes sin que ello haya sido motivo de escándalo comparable. La diferencia radica en que, al ser mujer, su vida sexual se convirtió en objeto de escrutinio y censura.