La trágica muerte de Antínoo
Antínoo, el hermoso joven que se convirtió en el amante favorito del emperador Adriano, falleció de forma repentina y misteriosa al ahogarse en el Nilo. Las fuentes históricas describen este suceso como un accidente inexplicable que sumió al monarca en una profunda depresión.
El duelo de Adriano
Según la Historia Augusta, al recibir la noticia el emperador rompió a llorar "como una niña" (expresión irónica del autor) y tomó la decisión de honrar a Antínoo como divinidad. A partir de entonces, el recuerdo del joven se transformó en un culto oficial.
Un culto que se extendió por todo el Imperio
Se produjeron innumerables estatuas, bustos y joyas que reproducían el rostro idealizado de Antínoo. A menudo se le representaba como Dionisio o Apolo, pero también con atributos de Hermes, Asclepio, Ganimedes y Atis, mostrando la versatilidad de su imagen divina.
Estas representaciones se difundieron en cada rincón del Imperio romano. En el lugar del naufragio, Adriano mandó erigir una ciudad en su honor, llamada Antinoupolis, cuya fundación quedó inmortalizada en la escultura y la arquitectura de la época.