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Un invento discreto: tiras de papel de aluminio contra el Tercer Reich

En 1943, los bombardeos al Tercer Reich se intensificaron, pero las pérdidas resultantes resultaban intolerables para los Aliados. Los científicos británicos Joan Curran y Robert Cockburn, bajo un estricto secreto, desarrollaron una forma sorprendentemente sencilla de engañar a los radares alemanes. Hoy es difícil imaginar que su invento cambió la faz de la guerra aérea…

El proyecto recibió el nombre en clave window en el Reino Unido, mientras que en Estados Unidos se le llamó chaff. Su funcionamiento era simple: durante el vuelo, los bombarderos que se acercaban al objetivo lanzaban tiras de papel de aluminio atadas en racimos. Al dispersarse, producían miles de puntos en las pantallas de los radares alemanes, imposibilitando distinguir entre aviones y metal.

Esta solución innovadora generó tanto defensores como detractores. Algunos temían que los fragmentos de aluminio pudieran dañar sus propios aviones, pues se insinuó que el material podía quedar atrapado en los conductos de los motores, provocando fallos catastróficos.

Deslumbrando los radares

El ministro del Interior británico, Herbert Morrison, se opuso al uso del window sobre el Tercer Reich, temiendo que Alemania adoptara la misma técnica contra Inglaterra. Y sus temores estaban justificados.

Un año antes de que se patentara el window, los nazis ya habían descubierto el efecto del papel de aluminio en los radares, pero sus intentos de emplearlo fracasaron. La práctica demostró que la teoría no siempre funciona.

Un invento discreto: tiras de papel de aluminio contra el Tercer Reich

Winston Churchill asumió la responsabilidad personal de emplear el invento de Curran y Cockburn en los bombardeos.

El 15 de julio de 1943, el primer uso operativo tuvo lugar sobre Hamburgo. Participaron 791 bombarderos británicos; sin embargo, los radares alemanes registraron más de 12.000 objetivos ficticios. La defensa antiaérea del Reich entró en caos: los reflectores buscaban enemigos inexistentes, los cañones guiados por radar disparaban contra los racimos de aluminio y los cazas alemanes se perdían como niños en la niebla.

Los “bulldogs” británicos

El window resultó ser un blanco certero; los radares alemanes se volvieron inútiles frente al alambre de aluminio. Hermann Göring, en su diario, escribió con sarcasmo:

Los radares aliados (nota del autor) poseen los mayores genios del mundo, y nosotros solo contamos con patalaches. Detesto a los británicos como a una plaga, pero debo reconocerles un punto: cuando la guerra termine, compraré una radio británica. Al menos tendré algo que siempre funciona.

Un invento discreto: tiras de papel de aluminio contra el Tercer Reich

Tras esta rotunda derrota, los alemanes buscaron un chivo expiatorio: el responsable del sistema de defensa radar, Josef Kammhuber.

El ministro de propaganda, Joseph Goebbels, intentó explicar el fracaso alegando el uso de armas químicas por parte de los Aliados, señalando como “prueba” a una vaca que habría muerto tras ingerir el aluminio.

Bibliografía

  1. Breuer William, Secret weapons in WWII, Varsovia 2012.
  2. Mikulicz Włodzimierz, Royal Air Force Bomber Command in air raids on Germany. December 1939‑August 1943, “Recent History”, Anuario XLV‑2013, pp. 265‑273.