historia historica

En sentido amplio, prostitución con cadáveres: necrofilia en la Polonia de entreguerras

“De noche, un pervertido desenterró la tumba, rompió el ataúd, profanó el cadáver y lo talló. Tras el acto, le robó la ropa al fallecido. Cracovia, 1938.”

Canute Tangey describía la necrofilia con repulsión y detalle. En su obra Desviaciones sexuales a la luz de la ciencia (Polaco, 1912) la definía como “la forma más horrible de perversión sexual que consiste en insultar lascivamente los cuerpos muertos”. Aseguraba que siempre está ligada a un grave trastorno mental, pues la imagen resulta terrible y repulsiva para la mayoría de los sanos.

En sentido amplio, prostitución con cadáveres: necrofilia en la Polonia de entreguerras

El autor citaba un caso criminal francés de mediados del siglo XIX. El culpable, de origen noble, se introdujo en la cámara de luto tras sobornar al único testigo. En plena noche, se escuchó un ruido como de un mueble que se caía; la madre de la fallecida entró y vio a un hombre en camisa que saltaba del lecho de la joven. Inicialmente se pensó que era un ladrón, pero pronto se descubrió su verdadera intención.

La investigación reveló que el hombre ya había profanado varios cuerpos de niñas. Fue condenado a cadena perpetua; algunos indicios sugieren que la pena pudo convertirse después en internamiento psiquiátrico, práctica frecuente en la Europa de la época.

En sentido amplio, prostitución con cadáveres: necrofilia en la Polonia de entreguerras

En varios países la necrofilia dejó de considerarse delito penal y pasó a ser una cuestión de salud mental. Su regulación más duradera fue la suiza, donde la profanación del cadáver se castigó como “prostitución contra la naturaleza” hasta 1896.

Clasificación de los hiper‑eróticos: expertos de la época

Magnus Hirschfeld, director del Instituto Sexológico de Berlín, creó la categoría de “hiper‑eróticos”, personas dominadas por un impulso sexual incontrolable. Entre sus manifestaciones incluyó la zoofilia, el abuso verbal, la violación, el asesinato sexual y, por supuesto, la “corrupción de los muertos”.

Según Hirschfeld, la necrofilia no era una desviación excepcional, sino un síntoma de una enfermedad relativamente frecuente. En Polonia, el venereólogo Paweł Klinger describía a los necrofílicos como profesionales que trabajan con cadáveres (sepultureros, cuidadores de cementerios, embalsamadores) y que, al estar solos con un cuerpo, podían excitarse sexualmente.

Klinger también abordó la “necrofilia simbólica”: en burdeles se representaba una escena de funeral, con una prostituta vestida de luto sobre una “cama de muerte”, para que el cliente satisficiera su impulso sin cometer el acto real.

En sentido amplio, prostitución con cadáveres: necrofilia en la Polonia de entreguerras

Un artículo de la Enciclopedia polaca de conocimiento sexual (1937) mencionaba casos similares, aunque admitía que aún no se había confirmado definitivamente la existencia de una propensión necrofílica real.

Dificultades de interpretación: ¿todo pervertido es pervertido?

Los periódicos de la época utilizaban los términos “pervertido” y “degenerado” de forma muy amplia, aplicándolos a cualquier persona con trastorno mental, no necesariamente a quien cometía actos sexuales con cadáveres.

En 1929, el diario Ilustrowana Republika describió a Gerhard Doora, arrestado en Bydgoszcz, como “hijo de padres acomodados que estudió espiritismo y magia negra, profanó tumbas y desfiguró cuerpos”. En su apartamento se hallaron tornillos de ataúdes, ropa de difuntos, breviarios, velas y dos cráneos humanos. Aunque la prensa lo tildó de “pervertido”, no existen pruebas de que haya cometido actos sexuales con los muertos; su conducta parece más bien ligada al ocultismo.

Casos polacos notorios

El periódico ilustrado Światowid informó en 1930 sobre Jan Dudziński, sepulturero del cementerio judío de Żyrardów, quien cavaba tumbas y arrancaba los lienzos de los ataúdes, profanando también los cuerpos de mujeres.

Otro caso, en 1938, ocurrió en Prokocim (cerca de Cracovia). Según el Kurier Wieczorny, un necrofílico desenterró el cuerpo de una joven de 17 años, rompió el ataúd, profanó el cadáver, lo talló y robó su ropa. No se sabe si fue detenido, pero el hecho provocó una gran conmoción.

En Cracovia se emitió un circular policial que describía los delitos vinculados a “impulsos sexuales pervertidos”, señalando que la profanación erótica de cadáveres era “muy frecuente y tan variada que superaba toda expectativa”.