historia historica

Las ejecuciones más desastrosas de la historia (18+)

Puede parecer que ejecutar una pena de muerte es sencillo: atar una cuerda, blandir un hacha o aplicar una inyección letal. ¿Realmente lo es?

La historia está plagada de sentencias que se llevaron a cabo de forma tan torpe que se acuñó el término «ejecuciones fallidas». Su rasgo común: el condenado sufre más tiempo o más dolor del necesario.

El humanismo exige que la muerte sea lo más rápida y menos dolorosa posible. Sin embargo, algunos casos son tan atroces que resultan difíciles de digerir, incluso para quienes piensan que el reo se lo merece.

¡Corten sus cabezas!

La decapitación ha adoptado distintas formas según la época y el contexto: hachas, espadas o la guillotina. No siempre fue una muerte instantánea; dependía de la habilidad del verdugo y del estado de la herramienta.

Un ejemplo famoso es el de Ana Bolena. Enrique VIII contrató al mejor verdugo de Francia para asegurarse de que su segunda esposa tuviera una muerte rápida y sin sufrimiento adicional.

Las ejecuciones más desastrosas de la historia (18+)

En la Europa medieval, la ejecución con espada estaba reservada a la nobleza. Con el Renacimiento, incluso los plebeyos podían enfrentarla. Un verdugo experto podía decapitar a un condenado de un solo golpe, pero cuando el profesional fallaba, la escena se volvía macabra.

En 1699, Angelique Tiquet fue condenada por asesinar a su marido. Mientras la lluvia retrasaba su ejecución, la mujer pidió al verdugo que no la desfigurara. El verdugo, nervioso, falló dos veces: la primera vez cortó el lateral del cuello, la segunda también falló. Sólo en el tercer intento logró la decapitación. En 1626, el conde de Chalais necesitó 29 golpes de espada para morir.

Jonathan J. Moore relata en "Hang, Gibber, and Dismember" un caso de 1641 donde el verdugo, tras varios intentos fallidos, casi es linchado por la muchedumbre. La condenada, Margaretha Voglin, una joven acusada de matar a un niño, recibió al menos tres intentos antes de que el verdugo, con ayuda de un asistente, lograra cortar su cabeza.

Qué puede salir mal al colgar…

Los errores en la horca son numerosos. Una cuerda demasiado corta retrasa la muerte; una demasiado larga puede provocar que el condenado quede colgado del cuello, o incluso que sus pies toquen el suelo, obligando a los verdugos a sujetar al reo por las piernas para que se ahogue.

Un caso curioso ocurrió en 1736 cuando Kat John Thrift cortó la soga antes de tiempo. Thomas Reynolds, que parecía muerto, se sentó en el ataúd. Lo devolvieron al patíbulo, pero la multitud se enfureció: la doble ejecución estaba prohibida, aunque el reo acabó muriendo por sus heridas.

Las ejecuciones más desastrosas de la historia (18+)

Como muestra la historia, colgar a alguien no es tan sencillo como parece.

La espalda se quema como un bistec raro

Thomas Edison participó en el desarrollo de la primera silla eléctrica, pero los primeros intentos fueron lejos de ser perfectos. Los condenados a veces necesitaban varias descargas para morir.

El caso más emblemático es el de William Kemmler, el primer hombre ejecutado en silla eléctrica (1900). La primera descarga de 1000 V lo dejó “frito” durante 17 segundos, pero siguió respirando. Cuando se intentó una segunda descarga, la esponja húmeda se había secado y la corriente quemó su cuero cabelludo y su espalda, provocando una agonía terrible que dejó a varios testigos inconscientes.

Las ejecuciones más desastrosas de la historia (18+)

El patólogo que realizó la autopsia comparó la espalda quemada de Kemmler con un bistec bien hecho, subrayando el horror de una ejecución que se asemejaba más a una tortura que a una muerte rápida.

Inyección letal (no tan graciosa)

Desde 1982, la inyección letal es el método predominante en EE. UU., bajo la ilusión de que nada puede fallar. El protocolo típico incluye: barbitúricos para sedar, un relajante muscular para paralizar la respiración y cloruro de potasio para detener el corazón.

La práctica ha demostrado lo contrario. En 1999, Ángel Nieves Díaz quedó consciente durante casi 24 minutos después de que la primera dosis de barbitúricos se extrajera al tejido blando en lugar de a la vena, quemándole los brazos. El segundo intento tampoco funcionó, y el condenado sufrió una agonía visible mientras su corazón latía lentamente.

Las ejecuciones más desastrosas de la historia (18+)

Otro caso famoso es el de John Wayne Gacy, ejecutado en 1994. La inyección se concentró por error y tardó diez minutos en disolverse, prolongando su sufrimiento. Se estima que entre 1890 y 2010 alrededor del 3 % de las ejecuciones en EE. UU. fueron fallidas, dejando abiertas preguntas sobre cuántas personas inocentes o condenadas sufrieron de forma innecesaria.

Más información sobre la pena de muerte a lo largo de los siglos en el libro "Hang, Gut and Dismember"