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¿Cuántas personas murieron realmente en la caza de brujas?

Introducción

Los mitos sobre la caza de brujas suelen mencionar millones de víctimas, pero la realidad histórica es mucho más compleja. ¿Cuándo y, sobre todo, cuántas personas perdieron la vida a causa de estas persecuciones?

El contexto histórico

En la Edad Media no se podía "preparar pociones mágicas" ni invocar al diablo a voluntad. Sin embargo, si un vecino acusaba a alguien de envenenar o de practicar artes ocultas, la respuesta podía ser el encarcelamiento o la expulsión del párroco. En Baviera, por ejemplo, la multa era de 12 solidus. La pena de muerte era rara; la exclusión de la comunidad era la sanción habitual.

Todo cambió con la Reforma protestante. La Iglesia, temerosa de la herejía, adoptó sanciones más severas y métodos de investigación cada vez más crueles. Cada sentencia servía para justificar el uso de la tortura, pues se consideraba la prueba definitiva de una conspiración con fuerzas malignas.

¿Cuándo y cómo se iniciaron los juicios?

Los teólogos y juristas de la época proclamaban que la brujería era la forma más vil de herejía. Sólo unas voces razonables, como la de Michel de Montaigne, se opusieron a los procesos absurdos que “freían a la gente viva” por simples sospechas.

¿Cuántas personas murieron realmente en la caza de brujas?

Una acusación bastaba: el simple rumor de un vecino envidioso podía desencadenar el proceso.

Durante el Renacimiento proliferaron los tratados que describían la brujería como una conspiración del Diablo contra la Iglesia. El más influyente fue Malleus Maleficarum (Martillo de las Brujas) del dominico Heinrich Kramer (1430‑1505), un inquisidor corrupto que fue condenado por su propia orden por malversación.

El libro, reeditado en Polonia en 1614, se convirtió en manual para inquisidores durante tres siglos. Enumeraba cuatro rasgos de la brujería: rechazo de la fe católica, entrega del cuerpo y del alma al Mal, sacrificio de niños no bautizados y participación en orgías demoníacas. Su tesis más dañina afirmaba que la brujería era una tendencia natural de las mujeres, consideradas por naturaleza más vulnerables a la influencia del Diablo.

La persecución en la vida cotidiana

En sociedades patriarcales, las mujeres carecían de derechos y cualquier persona sin protección masculina era vista como una amenaza. En la Inglaterra Tudor, malas cosechas y crisis económicas alimentaban la sospecha: una vaca que moría inesperadamente podía convertirse en la excusa perfecta para señalar a una bruja.

Durante los períodos de mayor intensidad, basta con la envidia vecinal, una curiosidad extraña o una palabra mal dicha para ser acusada. No existían defensores; los testimonios a favor del acusado eran ignorados y el proceso se centraba en la pregunta: “¿Cómo, cuándo y con quién adoraba el Diablo?”

Los métodos de tortura

La tortura era el elemento clave de la investigación y se dividía en dos tipos:

  • Pruebas de “ordales” para demostrar culpa o inocencia mediante supuestos juicios divinos: inmersión (el culpable no se hundía), pesaje (el culpable era más ligero que la Biblia), punzaduras (marcas que no sangraban) y búsqueda de marcas satánicas.
  • Tortura para obtener confesiones: en la temida Drudenhaus de Bamberg se utilizaban tornillos para aplastar pulgares y dedos, tinas de cal, sillas con hornos para quemar los pies y péndulos para suspender a los acusados. En Polonia, la “estiradura” en una tabla o banco era frecuente.

Los jueces y sus auxiliares a menudo abusaban sexualmente de los presos; los acusados podían ser desnudados y azotados antes de la hoguera.

¿Cuántas personas murieron realmente en la caza de brujas?

Ante el dolor, muchos confesaban cualquier cosa para acortar su sufrimiento o para obtener una muerte rápida en lugar de ser quemados vivos.

Mapa de la persecución

Los más vulnerables —curanderas, parteras, viudas, mujeres solteras— eran los principales blancos. Las regiones más afectadas no fueron España ni Italia, sino la Europa occidental y central.

El emperador católico Rodolfo II persiguió a los supuestos brujos en Austria; Jacobo I lo hizo en Inglaterra. Francia, los Países Bajos, Suiza occidental y Alemania vivieron intensas oleadas. En Bamberg, entre 1623 y 1633, el obispo Johann Gottfried von Aschhausen ejecutó a varios cientos de acusados.

¿Cuántas personas murieron realmente en la caza de brujas?

El pánico no se limitó a Europa: en el Nuevo Mundo también se celebraron juicios, como el famoso de Salem.

En Polonia la persecución llegó tarde; el primer caso registrado data de 1511, pero los juicios no se generalizaron hasta el siglo XVII y la pena de muerte por brujería se abolió en 1776. Sin embargo, la superstición era omnipresente entre campesinos y nobles.

¿Cuántas víctimas hubo?

Durante mucho tiempo se citó la cifra de 9 millones, pero los estudios modernos la descartan. Kurt Baschwitz estimó que los números “oscilan entre cientos de miles y un millón”. La investigación actual indica alrededor de 100 000 juicios y un máximo de 40 000 víctimas, la mayor parte en Alemania.

En Polonia, según Bogdan Baranowski, entre los siglos XVI y XVIII murieron entre 20 000 y 40 000 mujeres acusadas de pactar con Satanás, aunque otras estimaciones más conservadoras sitúan el número en varios miles, e incluso alrededor de mil.

Fin de la caza de brujas

El declive comenzó en el siglo XVII. En España la última hoguera se registró en 1611, en los Países Bajos en 1610, y en Inglaterra y Escocia la pena de muerte se mantuvo hasta 1736, aunque la última ejecución fue en 1684. Noruega la abolió en 1695, Francia en 1745, Alemania en 1775 y Suiza en 1782. Polonia cerró esta etapa en 1793.

Voces de razón como la del jurista protestante Christian Thomasius (1712) y del jesuita Friedrich Spee (1631) denunciaron la falsedad de las confesiones bajo tortura y contribuyeron al fin de los procesos.

Conclusión

La caza de brujas fue una tragedia de la historia europea que cobró la vida de decenas de miles de personas, mayoritariamente mujeres, en un contexto de miedo, superstición y abuso de poder. Conocer los hechos reales nos ayuda a evitar la repetición de tales atrocidades.

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