El miedo humano a lo desconocido ha alimentado, desde tiempos inmemoriales, la creencia en seres malignos y la necesidad de expulsarlos. El exorcismo, lejos de ser solo un vestigio medieval, sigue presente hoy, incluso en la Grecia del siglo XXI, donde fieles acuden a sacerdotes ortodoxos en busca de liberación.
Exorcismo antes del cristianismo
La idea de que entidades pueden poseer el cuerpo humano es milenaria. En Babilonia, por ejemplo, se halló en una tableta de 3 500 años una ilustración de un fantasma barbudo siendo conducido al inframundo y, junto a ella, un ritual de exorcismo que ordenaba “¡no mires atrás!”.
El texto invocaba al dios sol Shamash y recomendaba enterrar la tableta para que el espíritu quedara atrapado bajo la tierra. En la mayor parte de la Mesopotamia antigua, las enfermedades se interpretaban como posesiones demoníacas, y los curanderos empleaban fórmulas, acciones simbólicas y hasta extraños rituales, como dormir una semana junto a un cráneo humano y besarlo siete veces cada noche.
Creencias similares aparecen en el Antiguo Egipto, en los rituales griegos‑romanos y en los llamados “rituales zar” de algunas regiones del Mediterráneo. En la literatura de Luciano, el exorcista profesional dialoga con el demonio en su propio idioma, lo obliga a revelar su origen y, mediante juramentos y amenazas, lo echa del cuerpo, desapareciendo en una nube de humo.
Exorcismo en los primeros años de la Iglesia
El primer exorcista, según la tradición cristiana, fue Cristo mismo. Uno de sus milagros, narrado en los Evangelios, relata la liberación de un hombre poseído por una legión de demonios en la región de los gerasenos.
Tras ese episodio, Jesús confió a sus apóstoles la autoridad para expulsar demonios (Marcos 16:17; Mateo 10:18). En la Iglesia primitiva, los diáconos realizaban exorcismos a los catecúmenos antes del bautismo. En el siglo III surgió una categoría de clérigos especializados denominados “exorcistas”. En la tradición ortodoxa oriental, sin embargo, la función quedó al alcance de cualquier sacerdote, que podía recitar oraciones específicas de Basilio Magno, Juan Crisóstomo o San Trifón.
¿Qué dice el Sínodo Sagrado hoy?
El 15 de septiembre de 2006 el Sínodo de la Iglesia de Grecia emitió una circular que define las condiciones para realizar un exorcismo. Entre los requisitos se incluyen:
- Existencia de una necesidad reconocida: el individuo debe mostrar claros signos de influencia demoníaca.
- Aprobación del obispo local: ningún sacerdote actúa de forma independiente; se requiere el consentimiento episcopal.
El documento también indica los textos litúrgicos que deben emplearse y subraya la importancia de discernir entre enfermedad mental y posesión.
Exorcismos en la Grecia del siglo XXI
Lejos de ser una curiosidad del pasado, los exorcismos siguen siendo solicitados por miles de griegos. La Iglesia reconoce que muchos casos podrían deberse a trastornos psicológicos, por lo que, antes de cualquier ritual, se realiza una evaluación que a menudo incluye la opinión de un psiquiatra.
Los sacerdotes pueden probar la presencia de espíritus mediante pruebas como ofrecer agua bendita o reliquias; si la persona reacciona de forma exagerada, se considera posible posesión. También se observan fenómenos como fuerza descomunal o conductas extrañas.
Cuando se confirma la necesidad, se sigue un proceso que combina ayuno, oración, confesión y, solo como último recurso, el exorcismo propiamente dicho.
Entre los exorcistas más conocidos estuvo el padre Savvas Achilleos (fallecido en 2016), que dirigió el Santuario de San Jorge en Kareas y publicó “Magia, demonismo y liberación”. Otro caso destacado es el padre Ioannis Katis de Perama, recordado como “el Papa Juan el Exorcista”.
Monasterios como el de San Cipriano en Hasia también se reputan por sus supuestos éxitos en la expulsión de demonios, donde los monjes afirman haber presenciado fenómenos violentos y voces profanas emanando de los poseídos.
En la práctica ortodoxa, todos los sacerdotes están facultados para realizar exorcismos; por ello, cualquier parroquia o monasterio del país podría, en teoría, llevar a cabo uno.
Curiosamente, el rito exorcista también forma parte del sacramento del bautismo: antes de que el niño sea sumergido en agua, se recitan oraciones que expulsan el “espíritu maligno” y el pecado original, asegurando que el recién nacido quede libre de influencias demoníacas.