El encuentro entre Miguel Ángel y Lorenzo de Medici
Cuando Miguel Ángel todavía era un adolescente, esculpía la cabeza de un fauno en el jardín de San Marco. Su talento ya llamaba la atención, pero la obra no estaba exenta de críticas.
Lorenzo de Medici, el gran mecenas de la Florencia del Renacimiento, paseaba entre los árboles cuando se detuvo a observar la escultura. Le impresionó la forma general, pero comentó que los dientes del fauno estaban demasiado perfectos para una criatura mitológica tan rústica.
El joven escultor, sin perder tiempo, tomó su cincel y desgastó los dientes para darles un aspecto más auténtico. Lorenzo, al ver la rapidez y la capacidad de adaptación del chico, quedó tan sorprendido que decidió incorporarlo a su círculo de protegidos.
Así, Miguel Ángel hizo su primera entrada al Palazzo Medici, marcando el inicio de una relación que definiría su carrera.
Esta anécdota está relatada en Vidas de Giorgio Vasari, quien documentó muchos de los momentos clave del Renacimiento.
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