El final de su mandato
Tras catorce años al frente del Partido Obrero Polaco, la autoridad de Władysław Gomułka se desmoronó después de la sangrienta represión de las huelgas en la costa en diciembre de 1970. Acusado de responsabilidad política por esos hechos, perdió el cargo de secretario general del Comité Central y quedó apartado del poder.
Retiro político
Aunque mantuvo la membresía del Comité Central hasta diciembre de 1971, ya no tenía derecho a voto. Tras una hospitalización provocada por el estrés de la caída, empezó a enviar largas cartas a dirigentes del partido, defendiendo sus decisiones y criticando a la nueva cúpula. Las respuestas fueron escasas; el partido decidió ignorarlo, imponiendo un “silencio conspirativo”.
Una vida tranquila
En 1973 recibió una villa en Konstancin, cerca de Varsovia, donde vivió con su esposa hasta su muerte. Llevó una rutina típica de pensionista: paseos con su perro Szarik, seguir el popular programa de televisión “Kobra” y atender al progreso escolar de sus nietas. Sus visitas eran escasas y provenían principalmente de viejos amigos y de algunos altos funcionarios, como Zenon Kliszko e Ignacy Loga‑Sowiński.

Entrevista falsa y denuncias
En 1973 circuló una supuesta entrevista titulada “Mis catorce años – confesiones de Władysław Gomułka”. Nunca fue real; probablemente fue fabricada por dirigentes del partido para desacreditarlo. Gomułka trató de identificar a los responsables, pero sus quejas fueron ignoradas.
Diarios inacabados
Durante su retiro comenzó a redactar un diario donde analizaba su vida y decisiones políticas. Sólo llegó a 1945, pues nunca lo completó. Sus memorias fueron publicadas póstumamente, pero únicamente después de la caída del régimen comunista, tal como él había dispuesto.

Últimos años y fallecimiento
En los primeros años de la década de 1980 le diagnosticaron cáncer de pulmón. Władysław Gomułka falleció el 1 de septiembre de 1982, a los 77 años. Su cuerpo fue expuesto en el Salón de Columnas del Sejm y luego enterrado con honores en el cementerio de Powązki, donde su sarcófago sigue sobresaliendo en la Avenida del Mérito.

Legado y homenajes
Tras su muerte se propusieron varios homenajes: una avenida en Lublin (cambiada después), la idea de incluir su imagen en el billete de 1000 zlotys y nombrar una plaza en su honor. Ninguna de esas iniciativas se concretó, quedando su tumba como el último recuerdo visible de su protagonismo.