Una final olímpica que el tiempo no borró
El 7 de agosto de 1936, el Olympiastadion de Berlín estaba repleto. Se disputaba la prueba de 5.000 metros y, además de la medalla de oro, estaba en juego el destino de ocho atletas cuyas vidas quedarían marcadas por la Segunda Guerra Mundial.
El desarrollo de la carrera
Desde la salida, el estadounidense Donald Lash marcó el ritmo. A los dos kilómetros lo alcanzó un grupo de tres corredores y la contienda se transformó en una batalla entre los finlandeses Gunnar Höckert y el campeón olímpico Lauri Lehtinen. En la última vuelta Höckert se soltó, cruzó la meta en 14:22,2 batiendo el récord olímpico y llevándose la medalla de oro.
Detrás de él, el sueco Henry Jonsson se quedó con el bronce, mientras que el japonés Kohei Murakoso y el polaco Józef Noji ocuparon el cuarto y quinto puestos. Los estadounidenses Louis Zamperini (octavo) y Don Lash (decimotercer) pasaron desapercibidos para el público.
Gunnar Höckert: del oro a la heroica muerte
Gunnar Höckert nació en 1910 en Helsinki, en una familia acomodada. Entrenó en la escuela de economía sueca mientras descubría el talento finlandés para las pruebas de medio y larga distancia. En 1936, tras romper varios récords, fue seleccionado para los Juegos de Berlín. Además de la victoria en los 5.000 m, estableció récords mundiales en 2.000 m, 3.000 m y 2 millas.
Su carrera se truncó cuando la Guerra de Invierno estalló en 1939. Voluntario del ejército finlandés, defendió valientemente la frontera contra la Unión Soviética, pero el 11 de febrero de 1940, a pocos días de cumplir 30 años, murió bajo fuego soviético en el istmo de Carelia. En Finlandia se le recuerda como héroe nacional.
Tras su muerte, su compañero de pista Lauri Lehtinen entregó su medalla de oro de 1932 al soldado fallecido, como homenaje a su amigo y compatriota.
Józef Noji: el corredor de Pęcków
Józef Noji nació el 8 de septiembre de 1909 en Pęcków, Gran Polonia, en una familia humilde que perdió al padre por tuberculosis. Desde niño combinó la escuela con el trabajo en la granja y la carpintería, y pronto se destacó por su velocidad, algo poco común en la zona.
En 1933 sorprendió al público al quedar segundo en una carrera organizada por el periódico Kurjer Poznański», perdiendo solo ante el mejor corredor polaco, Maksymilian Hartlik. Desde entonces coleccionó títulos nacionales y representó a Polonia en Berlín, terminando quinto.
La guerra interrumpió su prometedora trayectoria. Después de la invasión de Polonia trabajó en talleres de tranvías y colaboró con la resistencia. Arrestado en 1940, fue enviado a Pawiak y, en julio de 1941, deportado a Auschwitz, donde trabajó como carpintero. El 15 de febrero de 1943 fue fusilado tras gritar: «¡Polonia aún no ha muerto!». Su vida, como la de muchos deportados, quedó truncada por el conflicto.
Louis Zamperini: del atletismo a la supervivencia en el Pacífico
Louis Zamperini, nacido en enero de 1917, tuvo una infancia difícil marcada por el racismo contra sus raíces italianas. Tras varios enfrentamientos, su hermano Pete lo introdujo al atletismo. En 1934 batió el récord escolar de la milla y, en 1936, se clasificó para los Juegos Olímpicos.
En la final de 5.000 m, Zamperini quedó octavo, pero su espectacular sprint final de 46 m lo hizo notar incluso a Adolf Hitler, quien le dirigió unas palabras de elogio. Años después, Zamperini serviría en la US Army Air Forces. En mayo de 1943 su avión B‑24 "The Green Hornet" se estrelló en el Pacífico; tres sobrevivientes, entre ellos él, flotaron 47 días en una balsa improvisada antes de ser capturados por los japoneses.
Pasó más de dos años como prisionero en campos de guerra, donde sufrió torturas y hambre, pero sobrevivió. Su historia inspiró la película "Unbroken" (2014), dirigida por Angelina Jolie.
Otros protagonistas de la final y su vínculo con la guerra
Kohei Murakoso, el corredor japonés que quedó cuarto, sirvió como capitán en el Ejército Imperial Japonés y combatió contra fuerzas estadounidenses. Por su parte, Don Ray Lash, quien había marcado el ritmo de la carrera, se convirtió en agente del FBI. Dos días antes de que EE. UU. declararan la guerra a Japón, él y otro agente allanaron el apartamento de un supuesto espía alemán en Atlanta, obteniendo pruebas que llevaron al arresto de varios agentes nazis.
Mientras algunos participantes de Berlín se convirtieron en héroes o víctimas de la guerra, otros siguieron sus carreras sin mayores sobresaltos. Sin embargo, la historia de esta final muestra cómo un evento deportivo puede entrelazarse con los acontecimientos más dramáticos del siglo XX.