El ORP Sęp, junto a su gemela Orzeł , fue el mayor orgullo de la flota submarina de la Segunda República Polaca. Sin embargo, su puesta en marcha estuvo lejos de ser sencilla.
En la segunda mitad de los años 30 la Marina polaca se encontraba en plena modernización. Se ordenaron dos submarinos oceánicos para incorporarlos a los ya existentes OORP Ryś, Wilk y Żbik.
Tras evaluar astilleros franceses, estadounidenses y británicos, se optó por los holandeses, cuya oferta resultó la más competitiva tanto económica como técnicamente. En enero de 1936 se firmó un contrato muy ventajoso.
Intrigas alemanas
El contrato asignó la construcción del futuro ORP Sęp al astillero holandés Droogdok Maatschappij de Rotterdam. Según el calendario, el Sęp y su gemela Orzeł deberían estar listas a finales de 1938 o inicios de 1939.
Al principio todo transcurría sin contratiempos. En agosto de 1938 el teniente comandante Władysław Salamon, futuro comandante del buque, visitó Rotterdam y el 17 de octubre se realizó el lanzamiento oficial.
Todo habría seguido su curso si no fuera por la intervención de agentes alemanes. Las relaciones entre Varsovia y Berlín se deterioraban rápidamente, ya que Polonia rechazaba la “generosa” oferta de Hitler sobre el corredor polaco y la autopista extraterritorial.
El Tercer Reich no podía permitir que la Marina polaca ganara otro submarino moderno, pues representaría una amenaza para la Kriegsmarine en un conflicto inminente. Como explica Kacper śledziński en su libro Courage of the Lost Ones. Polish heroes of the submarine war:
En febrero de 1939 el astillero holandés redujo inesperadamente el ritmo de trabajo. Los alemanes presionaban para frenar o retrasar la construcción, y en gran medida lo consiguieron.
Los informes sobre la situación llegaron al almirante de la flota, el contraalmirante świrski. La única solución era sacar el buque del astillero y llevarlo a Polonia.
Tras el lanzamiento en enero de 1939, los holandeses intentaron retrasar la entrega a toda costa, bajo la influencia de la inteligencia alemana.
El “secuestro” del Vulture
La oportunidad llegó en abril, cuando el submarino estaba realizando pruebas de profundidad. El problema era que la mayor parte de la tripulación era holandesa, que aceptó a regañadientes que el comandante polaco Salamon tomara el mando.
Para no levantar sospechas, los polacos esperaron a que finalizaran las pruebas. Cuando todo estuvo verificado, el teniente comandante Edward Szystowski, encargado de la recepción del buque, recibió la orden inequívoca de llevar el Vulture (nombre del Sęp) a Polonia.
Los holandeses se negaron, pero Szystowski amenazó con usar su arma. Tras una acalorada discusión, logró que la tripulación holandesa abandonara el submarino a las 10:10 del 16 de abril de 1939, momento en que izó la bandera polaca.
¿Y la tripulación? Dos oficiales y algunos marineros polacos no bastaban para operar un submarino de esas dimensiones. Por suerte, el destructor ORP Burza estaba cerca. Al recibir la señal, Burza se acercó, transfirió armamento y personal al Sęp y, tras casi 12 horas de maniobras, ambas naves partieron rumbo a Gdynia.
En la bahía de Bornholm el Sęp se quedó sin combustible y tuvo que ser remolcado por Burza, lo que alargó el trayecto a 40 horas. Al arribar al puerto naval, el submarino sufrió un accidente: al invertir la marcha del motor izquierdo se activó en sentido adelante, chocando contra dos buques de barrido.
Afortunadamente los daños fueron menores; lo más afectado fue el orgullo de la tripulación. Sin embargo, la puesta en marcha final se retrasó porque todavía faltaban repuestos que debían llegar de Holanda.
El ORP Sęp quedó plenamente operativo a principios de julio de 1939, pero errores de planificación impidieron que participara en la campaña de septiembre. Ese es otro capítulo de la historia naval polaca.