historia historica

¿Compraste barcos en Francia y no te los entregan? La solución perfecta… directamente desde Israel

Mitad de los años 60. Israel adquiere en secreto lanchas de misiles modernas en Francia. Tras la Guerra de los Seis Días, Francia impone un embargo y la entrega se vuelve imposible. Los israelíes deciden actuar por su cuenta…

Desde mediados de la década de 1950 Egipto y Siria desarrollaron rápidamente sus armadas con la ayuda de la URSS. La flota egipcia, en particular, llegó a dominar el Mediterráneo, creando una situación peligrosa para Israel, rodeado de países hostiles y dependiente del transporte marítimo.

Los lanchas de misiles de los proyectos 183R y 205 eran especialmente temibles. El misil antibuque P‑15, con alas, otorgaba a esas pequeñas embarcaciones una potencia de fuego comparable a la de un acorazado de la Segunda Guerra Mundial. La eficacia de estos barcos quedó demostrada el 21 de octubre de 1967, cuando cuatro P‑15 hundieron al destructor israelí Elath.

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Proyecto 183R: una pequeña nave con un poder de fuego descomunal (foto dominio público).

Patrocinio alemán

La marina israelí era mucho más débil que las fuerzas navales árabes; sus buques principales databan de la Segunda Guerra Mundial. Para contrarrestar esa ventaja, el gobierno de Jerusalén decidió comprar doce lanchas de misiles modernas a un astillero alemán de la zona "Saar", destinadas a portar el misil antibuque desarrollado localmente, el "Gabriel".

El financiamiento completo del proyecto sería cubierto por Alemania Occidental como compensación por los crímenes nazis. Durante las negociaciones se acordó que la construcción se realizaría en el astillero francés de Cherburgo, pues Alemania no quería tensar sus relaciones con los países árabes. El jefe de la misión militar israelí de adquisiciones era el contraalmirante Mordechaj Limon, nacido en Polonia.

Complicaciones

Los primeros cinco buques llegaron a Israel a finales de 1967, pero la entrega de los restantes se volvió incierta. En diciembre de 1967, comandos israelíes asaltaron el aeropuerto de Beirut, que servía como base de entrenamiento para terroristas palestinos.

Según Artur Górski, en su libro "Pięść Dawida. Israel's Secret Service", Jerusalén no había previsto las consecuencias internacionales de ese ataque; numerosos países condenaron la agresión y el general Charles de Gaulle impuso un embargo de armas a Israel.

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Bajo el pretexto de pruebas, la Marina israelí logró sacar dos lanchas más de Cherburgo, lo que provocó la ira del presidente de Gaulle, quien reprochó enérgicamente a las autoridades locales por permitir la fuga.

Los israelíes comprendieron que conseguir los cinco buques restantes sería todo menos fácil, mientras la construcción continuaba a pleno ritmo.

El ingenioso plan del almirante Limon

El almirante Limon ideó una solución. Convenció al empresario noruego Ole Martim Siem para que, a través de una compañía registrada en Panamá, comprara los barcos a nombre francés. Israel aprobó la operación siempre que no implicara pérdidas financieras. Felix Amiot, propietario del astillero francés, estaba al tanto de todo.

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Los buques se declararon destinados al servicio de plataformas petrolíferas en el Golfo de México. Siem incluso solicitó al gobierno israelí tripulantes judíos, en caso de que surgieran preguntas sobre la presencia de personal israelí a bordo.

La salida se realizó la noche de Navidad, 24 de diciembre de 1968, aprovechando la distracción del gobierno francés. Las lanchas se dirigieron inmediatamente a Gibraltar, mientras Felix Amiot cobraba un cheque de 5 millones de dólares.

Una tormenta en el Sena

La noticia de la fuga se difundió en Francia el 27 de diciembre. Una verdadera tormenta se desató en el Sena. Como relata Górski:

Cuando los franceses se dieron cuenta de que los cañoneros estaban zarpando, el ministro de Defensa, Michel Debré, llegó a pedir a la Fuerza Aérea que hundiera los barcos. El jefe del Estado Mayor se negó, poniendo en riesgo su carrera; finalmente, el primer ministro Jacques Chaban‑Delmas anuló la orden.

La gran escapada

Las pequeñas naves enfrentaron una fuerte tormenta en la Bahía de Vizcaya. Sin cobertura adecuada, la marina israelí les proporcionó apoyo mediante dos barcos civiles convertidos en buques de abastecimiento.

Tras cruzar el estrecho de Gibraltar, una patrulla aérea francesa detectó a los lanchas, que además fueron vigiladas discretamente por un arrastrero soviético, en realidad un barco espía.

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Los buques de la escuadra mediterránea soviética que interceptaron la flota israelí mostraron una actividad inusitada; uno de ellos rozó peligrosamente la proa de una lancha israelí.

Los dos últimos días transcurrieron sin incidentes bajo la protección de cazas F‑4 Phantom de Israel. Finalmente, todas las embarcaciones arribaron a Haifa el 31 de diciembre.

El núcleo de la flota israelí

Los lanchas construidas en Francia se convirtieron en la principal fuerza de ataque de la marina israelí. En la guerra de Yom Kipur (1973) participaron activamente en las batallas de Latakia y Damietta‑Baltim, infligiendo graves pérdidas a las armadas árabes y asegurando la supremacía israelí en el Mediterráneo occidental.

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Contrario a lo que afirman algunos medios, la operación no contó con la participación del Mossad; fue ejecutada exclusivamente por la marina israelí, lo que demuestra la flexibilidad y eficacia de sus agencias gubernamentales en aquella época.

Este episodio ilustra cómo entidades económicas pueden actuar al margen de la política estatal y ofrece una perspectiva interesante en el contexto de los contratos rusos para los misiles franceses "Mistral". Esperemos que el presidente de la Federación Rusa, ex‑oficial del KGB, Vladimir Vladimirovich Putin, no siga el mismo camino.