Orígenes de los jenízaros
Los jenízaros fueron la élite del ejército otomano desde el siglo XIV. Su nombre proviene del turco yeni çeri, “nuevo ejército”. Inicialmente, el sultán Orhan (1324‑1362) creó una unidad de élite; sin embargo, fue bajo Murad I (1362‑1389) cuando se institucionalizó el sistema devşirme, la captura forzada de niños cristianos de entre 7 y 14 años en los Balcanes y el norte de Grecia. Estos niños eran llevados a Estambul, circuncidados, convertidos al islam y entrenados intensamente para convertirse en soldados leales únicamente al sultán.
El proceso consistía en varios años de entrenamiento físico y militar: trabajos duros, aprendizaje de oficios (carpintería, albañilería) y dominio de armas como sable, lanza, arco, hacha y, más tarde, armas de fuego. Al terminar el periodo de instrucción, los más aptos podían ingresar a la guardia personal del sultán, mientras que el resto servía en los regimientos regulares.
Los jenízaros fueron decisivos en la victoria otomana en la Batalla de Varna (1444), donde el rey polaco‑húngaro Vladislao III fue abatido por un jenízaro después de una carga fallida.
La comunidad de los soldados
Tras siete años de entrenamiento, los reclutas eran distribuidos en unidades llamadas ortas (de 100 a 500 hombres). Cada ortá tenía su propio presupuesto, sus tradiciones y una estructura de mando encabezada por un çobaci y varios adabashi. Los jenízaros vivían, entrenaban y combatían juntos, formando una verdadera hermandad.
Se les prohibía beber alcohol, relacionarse con mujeres o casarse. A cambio recibían sueldo regular, exención de impuestos y, en caso de destacar en combate, recompensas en dinero, tierras o cargos administrativos. Algunos jóvenes balcánicos, incluso, se ofrecían como voluntarios o se bautizaban para ser reclutados mediante el devşirme.
El comandante del cuerpo era el Janissary Aga, figura que aparece en grabados del siglo XVII.
La mejor infantería del mundo
Durante tres siglos, los jenízaros fueron la infantería más temida de Europa. No llevaban armadura, sino caftanes acolchados y gorros blancos de fieltro (kavuk). Dominaban el sable, la lanza, el arco y, a partir del siglo XVI, los arcabuces y mosquetes. Su disciplina les permitía mantener formaciones bajo fuego y lanzar ataques devastadores, tanto en ofensiva como en defensa de fortalezas.
Participaron en batallas decisivas como Nikópolis (1396), Varna (1444), la conquista de Constantinopla (1453) y Mohács (1526). En la crónica otomana se relata cómo un jenízaro llamado Köse Hızır decapitó al rey Vladislao en Varna.
En su apogeo el cuerpo contaba con 48 000 hombres (1670), y algunas fuentes sugieren que a finales del siglo XVII superó los 100 000.
Declive y disolución
Con el tiempo, la rigidez del sistema se debilitó: se admitieron reclutas otomanos, la disciplina se erosionó y los jenízaros comenzaron a intervenir en la política, exigiendo aumentos de sueldo y privilegios. Los sultanes que intentaron limitar su poder, como Osmán II, fueron depuestos o asesinados por ellos.
El golpe final llegó con Mahmud II, quien en 1826 ordenó la disolución del cuerpo (el “Auspicio”). Tras una revuelta, los jenízaros fueron acorralados en sus cuarteles, bombardeados y ejecutados; pocos sobrevivieron. Con su desaparición se cerró una era de cinco siglos, quedando sólo la leyenda de la infantería que hizo temblar a medio continente europeo.