El hundimiento del vapor Karlsruhe
Cuando un rugido ensordecedor sacudió el vapor de 66 m de eslora, muchos pasajeros supieron al instante que los aviones soviéticos habían llegado. Una bomba perforó el costado del barco. La gente asustada intentó salvarse, pero el agua lo rodeaba por todas partes. En apenas tres minutos el Karlsruhe se hundió, llevándose casi 1 000 personas y 360 toneladas de carga, entre ellas, quizás, uno de los tesoros más valiosos del mundo: la famosa Sala de Ámbar.
Cementerio submarino
El 13 de abril de 1945 el Karlsruhe se hundió, siendo uno de los últimos buques alemanes que transportaba refugiados de Prusia Oriental antes de que el Ejército Rojo tomara la zona. La tragedia se enmarca dentro de la Operación Hannibal, ordenada por el almirante Karl Dönitz el 20 de enero de 1945. Fue la mayor evacuación marítima de la historia: 1 080 embarcaciones, de las que 247 nunca llegaron a su destino y reposan ahora en el fondo del Mar Báltico.
Según Tomasz Stachura, descubridor del naufragio y líder del equipo de buceo Baltictech, "el Báltico se ha convertido en su cementerio". Tras la guerra se recuperaron alrededor de 100 restos, pero la mayor parte del casco sigue bajo el agua, bajo la jurisdicción polaca.
Muerte en las profundidades
El Karlsruhe, con 40 años de servicio, zarpó el 12 de abril de 1945 desde Piława (actual Baltiysk) con destino a Świnoujście. Los documentos indican que, según las órdenes de Dönitz, solo debían viajar soldados del regimiento Hermann Göring y 360 toneladas de carga misteriosa. Sin embargo, la presión de la población civil provocó que más de 1 000 personas abordaran el barco.
El convoy, reforzado por cuatro buques de carga y tres escoltas, intentó avanzar de noche para evadir a los soviéticos. A la mañana siguiente, un avión de reconocimiento soviético los avistó. Aproximadamente una hora después, el primer grupo de combate –tres bombarderos A‑20 y dos cazas Yak‑9– inició el ataque.
Tras un breve intercambio de fuego, un segundo grupo soviético sobrevoló el convoy y lanzó una bomba de medio tonelelaje contra el costado de babor del Karlsruhe. El impacto abrió un gran agujero; sin compartimentos estancos, el agua inundó el buque en segundos. El vapor se hundió en tres minutos, con la proa apuntando verticalmente hacia el fondo.
Se contabilizaron 1 063 pasajeros: 150 soldados del regimiento Hermann Göring, 888 refugiados y 25 trabajadores ferroviarios. La mayoría fue arrastrada junto al casco; solo unas pocas docenas lograron escapar.
¿Una cámara en el Mar Báltico?
En septiembre de 2020 el equipo Baltictech anunció el hallazgo del naufragio a varios decenas de kilómetros al norte de Ustka. Tras sondear una franja de 200 m de ancho, los buzos confirmaron la identidad del barco.
En el interior del vapor se encontraron botas, cascos, cinturones, armas, porcelana y numerosos cofres cerrados. Stachura señaló que "existen indicios de que este barco pudo haber transportado la Sala de Ámbar, uno de los tesoros más valiosos del mundo, sacada de Königsberg antes de su caída".
La Sala de Ámbar, un complejo decorativo de ámbar creado por artesanos de Gdańsk y entregado originalmente al zar Pedro el Grande, fue sustraída por los nazis y escondida en el castillo de Königsberg. Su paradero sigue sin resolverse; los soviéticos no la hallaron al capturar la ciudad.
El gran número de cajas misteriosas y la fuerte escolta del Karlsruhe alimentan la teoría de que el barco llevaba no solo refugiados, sino también objetos de gran valor. La pregunta que queda es: ¿qué secretos ocultan esos cofres?
El equipo Baltictech, como grupo privado, no tiene autorización para intervenir en el sitio, que se encuentra dentro de la zona económica polaca. Stachura insiste en que se necesita una acción coordinada y responsable: "No queremos que el Karlsruhe se convierta en otro 'tren dorado'. Primero hay que comprobar si realmente alberga un tesoro invaluable".