historia historica

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

El mito de los pocos conquistadores que vencieron los imperios inca y azteca

La historia mundial está plagada de distorsiones y subestimaciones. Lo que se presenta como hecho a menudo tiene poco que ver con la realidad, mientras que episodios que parecen increíbles resultan ser los más verídicos. En esta serie "Verdad o Mito" desmentiremos o confirmaremos los mitos más habituales sobre la conquista española.

El mito del conquistador invencible

Durante siglos se ha acumulado información errónea sobre la conquista. Algunos hechos fueron exagerados, otros tergiversados o totalmente silenciados.

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

Uno de los mitos más extendidos es la supuesta supremacía de los recién llegados de Europa.

Se afirma que varios cientos de conquistadores armados con armas de fuego fueron capaces de destruir los imperios indígenas del Nuevo Mundo, pero rara vez se somete a un análisis crítico. Para comprender la verdad completa es necesario desmentir también otras ideas falsas relacionadas con la conquista.

¿Regreso de Quetzalcóatl?

Es fundamental desmontar el mito que ha marcado la percepción popular de los pueblos americanos. Los aztecas, incas y demás poblaciones de Centro y Sudamérica no consideraron a los europeos como dioses. Sí, quedaron asombrados por la tecnología de armas y los animales que trajeron, pero esa admiración no tenía carácter divino.

Cuando Moctezuma II se encontró con Hernán Cortés en noviembre de 1519, el tlatoani no vio dioses, sino posibles aliados que podrían ayudarle en la expansión de su dominio. El mito de que Cortés era la encarnación de Quetzalcóatl fue creado por europeos. En sus cartas al rey de España, Cortés nunca alude a una interpretación divina, y Bernal Díaz del Castillo, autor de Verdadera historia de la conquista de la Nueva España, tampoco menciona adoración alguna.

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

La confusión surge, en parte, por la ambigüedad de palabras nahuas como teúles, que significa tanto "dios" como "maravilla", y de términos quechuas como viracocha, que puede traducirse como "divino", "sagrado" o "poderoso". Los europeos, intentando explicar la rápida caída de los imperios, insistieron en que los indígenas los percibían como seres divinos.

Si no fue la percepción divina, ¿qué explica el colapso tan veloz de las civilizaciones mesoamericanas?

Las verdaderas armas: epidemias

El arma más eficaz de los españoles no fueron los mosquetes, los caballos ni las espadas forjadas en Toledo, sino los virus. Patógenos completamente nuevos para los indígenas llegaron al Caribe y a América Central y del Sur a principios del siglo XVI.

Cuando Francisco Pizarro arribó a Perú en 1532, el Imperio inca estaba sumido en una guerra civil por la sucesión de Huayna Cápac. Hoy sabemos que antes de que Pizarro llegara, la viruela ya había llegado al territorio, probablemente provocando la muerte del propio Huayna Cápac. La muerte del monarca y la guerra sucesoria dejaron al Imperio inca sumamente vulnerable.

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

Al entrar Cortés en Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, las calles estaban ya llenas de cadáveres. La conquista de la capital azteca se facilitó porque sus habitantes habían sido diezmados previamente por la viruela. Posteriormente, otras enfermedades como el sarampión, la gripe, la peste y la malaria arrasaron a la población indígena, alimentando el mito de una suprema crueldad española.

¿Conquistadores sanguinarios?

Los españoles pudieron ser extremadamente brutales: ejecuciones masivas de mujeres y niños, mutilaciones y actos de terror fueron frecuentes. Estas atrocidades tenían un objetivo claro: imponer obediencia y sembrar miedo. Sin embargo, los conquistadores no buscaban la exterminación total, pues necesitaban mano de obra para explotar las nuevas tierras.

Desde la llegada de Colón hasta mediados del siglo XVII, la población indígena disminuyó en torno al 90 %. Este colapso no se debió principalmente a una política de asesinatos, sino a las epidemias que se propagaron por todo el continente. Cuando la mortalidad en el Caribe se hizo evidente, los españoles empezaron a importar esclavos africanos. En América, la esclavitud indígena fue prohibida por orden real, aunque la demanda de mano de obra siguió alimentando la narrativa de la "leyenda negra".

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

En los siglos XVII y XVIII, los rivales ingleses difundieron la llamada Leyenda Negra, acusando a los españoles de una crueldad sin precedentes. Esta propaganda, enmarcada en la lucha entre católicos y protestantes, ha dejado una imagen estereotipada que aún persiste, aunque la realidad muestra que muchas veces fueron los propios indígenas quienes colaboraron en la caída de sus imperios.

El enemigo de mi enemigo

Antes de la llegada europea, Centro y Sudamérica no era un paraíso de abundancia. En el siglo XVI, los aztecas comenzaron su expansión territorial, lo que generó resentimientos entre pueblos subyugados.

Cuando los europeos aparecieron con sus armas avanzadas, los enemigos de los aztecas se aliaron con los españoles. El caso más famoso es el apoyo de los tlaxcaltecas a Cortés, cuya colaboración, sumada a la devastación epidémica, permitió la caída de Tenochtitlán. En la expedición a la actual Guatemala, 250 españoles contaron con el apoyo de seis mil indígenas. Situaciones similares se repitieron en la conquista del Imperio inca y en otras campañas.

Cientos de conquistadores no derribaron solos los imperios indígenas

Malinche, traductora y amante de Hernán Cortés, es otro ejemplo de la colaboración indígena. Los pueblos nativos no solo aportaron tropas, sino también conocimientos de geografía y lenguas. En algunos casos la ayuda fue forzada, pero en muchos otros se ofreció voluntariamente con la esperanza de obtener beneficios frente a sus enemigos locales.

Las nuevas élites indígenas, leales a los españoles, facilitaron la administración de los territorios conquistados. Curiosamente, los cronistas españoles rara vez mencionaron a sus aliados locales.

La suerte y los aliados fueron decisivos

La respuesta a si los españoles derribaron por sí solos los imperios azteca e inca es negativa. Tuvieron una gran dosis de suerte y contaron con aliados indígenas que realizaron gran parte del trabajo. Los factores clave fueron las epidemias y la colaboración de poblaciones locales.

Los conquistadores no eran dioses; eran hombres de otro continente en busca de fortuna y poder. La mayoría eran artesanos y comerciantes que adquirieron experiencia militar en el Nuevo Mundo. Pocos sabían leer o escribir, y su nivel intelectual a menudo no superaba al de los indígenas.

Sin duda, los europeos tenían ventajas tecnológicas: sus armas superaban a las de los guerreros aztecas e incas. No obstante, la creencia de que los mosquetes y la caballería fueron decisivos es exagerada; la espada de acero seguía siendo el arma que otorgaba ventaja real en combate.

La estrategia de eliminar a los líderes locales también fue fundamental: sin jefes, los pueblos indígenas se volvieron objetivos mucho más fáciles. Pero sin los aliados locales y sin los patógenos mortales, ni Cortés ni Pizarro habrían logrado desmantelar civilizaciones tan complejas. Basta comparar con la guerra contra los mapuches (araucanos), que se prolongó más de cien años y terminó con la derrota española.

Varios cientos de conquistadores españoles no conquistaron solos los imperios indígenas: mito desmentido

Bibliografía

  1. Restall, Seven Myths of the Spanish Conquest, Nueva York 2003.
  2. Restall, K. Lane, Latin America in Colonial Times, Nueva York 2011.
  3. Kelton, Epidemics and Enslavement. Biological Catastrophe in the Native Southeast, 1492-1715, Londres 2007.
  4. E. Matthew, M. R. Oudijk, Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica, Oklahoma City 2007.