El autor polaco Bolesław Prus creó en "Faraón" una imagen muy sugestiva del antiguo Egipto. Pero, ¿cuánta verdad histórica contiene la novela y cuánto es pura ficción?
Ramsés XIII, joven y ambicioso, quiere derrotar a sus enemigos, devolver al país su antigua gloria y, sobre todo, limitar la influencia de los sacerdotes. En el extremo opuesto está Herhor, el sumo sacerdote que, en la práctica, gobierna el reino. Estos dos personajes son el eje de la visión egipcia que Prus plasma y que Jerzy Kawalerowicz trasladó a la pantalla. Pero, ¿qué parte de esa visión está basada en hechos reales?
A primera vista, la respuesta parece ser "muy poca". Ni Ramsés XII, ni su supuesto hijo Ramsés XIII, ni el sacerdote Pentuer, la sacerdotisa fenicia Kama o el parecido a Lición existieron. El único personaje históricamente documentado es Herhor. Aun así, Prus no escribió a ciegas: se apoyó en el conocimiento arqueológico disponible en la segunda mitad del siglo XIX.
Ilustración de "Faraón" de Bolesław Prus
En esa época la egiptología era una ciencia de menos de un siglo. El desciframiento de la piedra de Rosetta, que permitió leer los jeroglíficos, sólo se había logrado en 1822. Prus consultó a los principales estudiosos de su tiempo, como el egiptólogo francés Gaston Maspero y el historiador polaco Ignacy Żagiel, autor de la "Historia de Egipto" (1879‑1880).
El faraón que nunca existió
Prus tomó la figura de Ramsés XIII de los escritos de Ignacy Żagiell, un viajero aficionado que había inventado a este monarca. Los expertos coinciden hoy en que nunca hubo un faraón con ese nombre. La verdadera dinastía XX terminó con Ramsés XI (1103‑1070 a.C.), quien perdió el poder frente al poderoso sumo sacerdote Herhor.
El autor basó su trama en esa transición de poder, pero la exageró: en la novela el sacerdote oprime brutalmente al faraón, mientras que en la realidad Herhor tomó el control de forma gradual, desplazando al rey a la sombra.
Egipto al borde del colapso
Según Prus, el final de la dinastía XX fue una crisis provocada por los sacerdotes. En realidad, la debilidad fue de Ramsés XI, un gobernante incapaz de frenar la desintegración del reino. Su autoridad se limitó al Bajo Egipto; el Alto Egipto estaba dominado por los sacerdotes de Tebas.
Ilustración de "Faraón" de Bolesław Prus
El conflicto estalló cuando tropas reales intervinieron en el Alto Egipto a petición del sacerdote Amenhotep, derrocado por sus propios subordinados. El faraón envió un contingente nubio que, tras derrotar a los rebeldes, quedó bajo el mando de Panhesi, quien se alzó como usurpador y tomó Tebas. El sumo sacerdote fue encarcelado y el control militar se impuso en la ciudad.
El faraón solicitó a Panhesi que abandonara Tebas; el comandante obedeció, pero pronto volvió a rebelarse, retomó la ciudad y sembró el terror entre la población.
Herhor, el salvador
En las fuentes históricas, Herhor aparece como sumo sacerdote y también como comandante del ejército, título de "Gran Comandante del Ejército de Alto y Bajo Egipto". A diferencia del personaje literario, que es sólo un político astuto, el Herhor real combinó funciones eclesiásticas y militares.
Con su ejército marchó al Alto Egipto, sofocó la rebelión y se ganó el apoyo de los tebenses, quienes lo reconocieron como su legítimo gobernante. Las abundantes inundaciones del Nilo permitieron cosechas abundantes, evitando hambrunas y restableciendo la economía. Herhor ordenó la reconstrucción de los daños bélicos y la reubicación de los reyes cuyas tumbas habían sido saqueadas.
El sumo sacerdote Herhor, figura histórica
Así, el sacerdote de Amón y guerrero se convirtió en el de facto gobernante del Alto Egipto. El faraón, recluido en su residencia de Pi-Ramsés, quedó reducido a un título sin poder real. El control del bajo Egipto lo ejercía el visir del delta, según algunos estudios, el hijo de Herhor y Nojmet.
Errores y anacronismos
Prus cometió varios fallos menores y mayores que los arqueólogos pueden señalar. Por ejemplo, el talento que Ramsés paga al ejército es una unidad babilónica de peso (≈30 kg), no una moneda egipcia. Los mercenarios griegos aparecen siglos antes de su llegada real a Egipto, y el ejército egipcio no utilizaba máquinas de asedio ni caballos de montar.
El autor también malinterpretó la escritura jeroglífica, tratándola como un alfabeto, y atribuyó a los egipcios una red de carreteras pavimentadas, cuando el transporte se basaba en el Nilo.
Referéndum ficticio
Otros detalles son totalmente inventados: el ajedrez no existía, ciertas plantas como el lirio de los valles no crecen en Egipto, y la supuesta votación de representantes para decidir sobre el tesoro del laberinto nunca ocurrió.
Ilustración de "Faraón" de Bolesław Prus
La lista de inexactitudes cubre casi todos los ámbitos de la vida cotidiana y de las relaciones sociales, incluidas las supuestas hostilidades entre egipcios, fenicios y judíos, que no están respaldadas por la evidencia.
El eclipse solar
La predicción de un eclipse solar por parte de los sacerdotes sirve como punto de inflexión dramático en la novela. Prus, que presenció un eclipse en 1887 en Mława, se inspiró en esa experiencia. Sin embargo, los sacerdotes del siglo XI a.C. no tenían la precisión astronómica necesaria para fijar la fecha exacta de un eclipse; su conocimiento se limitaba a observar ciclos y registrar eventos.
Ilustración de "Faraón" de Bolesław Prus
Los egipcios sí estudiaban los cielos y conocían el ciclo de inundaciones asociado a Sirio, pero la capacidad de predecir eclipses con exactitud llegó mucho después, con astrónomos como Tales de Mileto en el siglo VI a.C.
Un retrato parcial pero atractivo
Prus no describió al sacerdocio egipcio con total exactitud, pero tampoco lo redujo a una casta hermética. Los sacerdotes podían casarse, tener hijos y, a veces, ejercer funciones civiles. El autor acertó al señalar la enorme riqueza acumulada en los templos, especialmente en la era del Nuevo Reino, cuando los faraones ofrecían abundantes ofrendas a Amón.
Cuatrocientos años después de los supuestos eventos de la novela, los asirios invadieron Egipto, saquearon el templo de Amón en Karnak y se llevaron cientos de toneladas de oro, demostrando que la riqueza real de los templos sí fue un objetivo de los conquistadores.
Hoy, a diferencia de finales del siglo XIX, "Faraón" no se considera una novela excepcionalmente fiel a la historia. No obstante, sigue siendo una obra fascinante que explora el conflicto entre idealismo y cinismo, y continúa inspirando a lectores a indagar en la historia del antiguo Egipto.
Bibliografía:
- Adam Łukaszewicz, Sobre el "Faraón" de Bolesław Prus – Egipto antiguo y el contexto polaco, Diario Literario 2017.
- Edward Pieścikowski, Bolesław Prus, Editorial Estatal Científica 1985.
- Toby Wilkinson, The Rise and Fall of Ancient Egypt. History of civilization from 3000 BC to the time of Cleopatra, Poznań 2011.