Contexto histórico
El 6 de abril de 1990 se aprobó la Ley de la Policía, que transformó la Milicia Ciudadana en la Policía de la República de Polonia, separándola del aparato de seguridad y adoptando el principio de a‑politicalidad.
Los profundos cambios políticos y económicos dieron lugar a un desarrollo sin precedentes del crimen organizado. En julio de 1990 los pandilleros de Pruszków abrieron fuego contra policías en Nadarzyn, señalando que la nueva fuerza no estaba a salvo.
Una noche fatídica
El 1 de mayo de 1992, viernes, a las 22:00, tres agentes – Marek Sienicki, Zbigniew Wierzba y Ryszard Kowalski – patrullaban la ciudad de Bytom. Sienicki, de servicio sustituto, había intercambiado su turno porque no quería decir que no.
El patrullaje parecía rutinario: la ciudad estaba vacía por el fin de semana largo y los incidentes más probables eran peleas menores o altercados por alcohol.
El ataque inesperado
Alrededor de la medianoche, dos hombres con una bolsa deportiva cruzaron la calle en sentido contrario. No estaban ebrios, caminaban despacio y, curiosamente, uno llevaba sombrero y guantes a pesar del clima de mayo.
Los agentes los observaron por el espejo retrovisor sin sospechar nada. De repente, los hombres sacaron pistolas PPS wz. 43 calibre 7,62 mm y comenzaron a disparar a quemarropa.
Los policías, equipados solo con pistolas P‑64 de seis balas y sin chalecos antibalas, quedaron indefensos. Sienicki cayó al recibir varios disparos. Wierzba, herido, intentó devolver el fuego con su pistola, pero estaba demasiado lejos.
Los agresores
Los atacantes resultaron ser Ireneusz G. (27 años) y Andrzej M. (29 años), dos reincidentes y compañeros de prisión, sin vínculo con la mafia rusa. Robaron armas en la planta textil “Omex” de Głuchołazy y mataron al policía “para demostrar que podían”.
Fueron capturados unos meses después y condenados por el asesinato.
Problemas de la Policía en los años de transición
Durante los primeros años de la transformación, el número de agentes pasó de 80 000 en 1990 a 105 000 en 1993, pero el equipamiento seguía siendo obsoleto. Muchos patrullaban en Fiat 125p y apenas había chalecos antibalas disponibles.
El caso de Sienicki puso de relieve la necesidad de modernizar el cuerpo y mejorar la protección de sus miembros.
Legado y recuerdo
El juramento policial – “servir a la nación fielmente, proteger el orden legal y la seguridad del Estado y sus ciudadanos, aun al riesgo de la vida” – se convirtió en una triste realidad para estos agentes.
El Libro de Recuerdo de la Policía incluye 113 nombres de caídos, aunque los años más críticos (1990‑1995) siguen incompletos.
Las familias de los agentes fallecidos son asistidas por la Fundación de Ayuda a Viudas y Huérfanos de Policías Caídos, que actualmente apoya a 233 familias.
Recordemos que estos hombres no son “perros” ni “curiosidades” de la historia; merecen el mayor respeto.