Del fuego primitivo al Antropoceno
Bienvenidos al Antropoceno, la era en la que nuestra influencia sobre la Tierra se compara con fuerzas geológicas como erupciones volcánicas o terremotos. De cazadores‑recolectores reunidos alrededor de una hoguera, hoy calentamos el planeta un grado más. Las historias que contamos sobre nuestra relación con la naturaleza modelan la forma en que interactuamos con ella. ¿Cómo cambiaron esas narrativas desde la prehistoria hasta la actualidad? ¿Cómo se fue ampliando nuestro “hogar”?
El origen del hombre y la hoguera
El fuego fue el primer refugio: mantenía a raya a los depredadores, permitía cocinar y ofrecía calor para dormir. Fue también la cuna de los primeros mitos. "Como humanos, nos enfrentábamos a fenómenos inexplicables", explica el filósofo ambiental Matthijs Schouten. "El sol, por ejemplo, no sabíamos por qué salía, pero sabíamos que sin él moriríamos. Estas fuerzas superiores nos dieron una carga sobrenatural".
Schouten visualiza la cosmovisión como un triángulo entre personas, naturaleza y lo sobrenatural. En las culturas antiguas no existía una división tajante entre lo humano y lo no humano; los ríos, montañas y animales estaban animados y el divino habitaba el mismo mundo que nosotros.
De la hoguera a la casa permanente
Los primeros humanos vivían de forma nómada, con refugios temporales como cuevas o chozas ligeras. La caza y la recolección implicaban una relación de reciprocidad con la naturaleza: tomaban lo que necesitaban y ofrecían sacrificios para apaciguar a los dioses.
Con la domesticación de animales y la agricultura, la relación cambió. La comida dejó de depender de los rebaños y surgieron los primeros asentamientos permanentes. La vivienda se convirtió en una estructura estable rodeada de campos y praderas.
El surgimiento del monoteísmo
El monoteísmo desplazó la divinidad del mundo natural hacia un Dios trascendente. Religiones como el judaísmo y el cristianismo colocaron a un único Dios por encima de la creación, relegando a la naturaleza a un mero recurso al servicio del ser humano.
Máquinas
Entre los siglos XV y XIX la ciencia transformó la visión occidental. En lugar de buscar la voluntad divina, se intentó comprender cómo funciona el universo mediante leyes naturales. "Dios como relojero desaparece", señala Schouten. El filósofo René Descartes reforzó esta separación, describiendo a los animales como máquinas sin mente.
Prosperidad
La idea de que los animales son máquinas sin alma coincidió con la Revolución Industrial. Las primeras máquinas de vapor del siglo XVIII y la expansión de fábricas impulsaron la producción. Según el historiador de la tecnología Harry Lintsen, la industrialización y el movimiento socialista eliminaron la pobreza extrema en los Países Bajos entre 1850 y 1960, aunque la presión sobre la naturaleza siguió aumentando.
El carbón sustituyó la fuerza humana y animal, la energía eólica y el turba, multiplicando por cinco el consumo energético del país en el siglo XIX. La disponibilidad de energía barata permitió a la gente disponer de más tiempo para la educación y el ocio, pero también generó contaminación atmosférica y, a largo plazo, cambio climático.
Desenfreno
Al desvincular lo divino de la naturaleza, la humanidad empezó a ver el planeta como una reserva de recursos. "Si ves fuerzas mayores que tú, no intervienes; cuando quitas lo sagrado, esa resistencia desaparece", afirma Schouten. Hoy consumimos energía y materias primas sin límites, mientras la crisis climática nos recuerda que no controlamos todo.
Desde la publicación de Silent Spring (1962) y Los límites del crecimiento (1972) hasta la revelación del agujero en la capa de ozono, la conciencia sobre la fragilidad del planeta ha ido creciendo.
Compañeros de casa
El Antropoceno genera diversas respuestas. Schouten cita al filósofo australiano Clive Hamilton: hay negacionistas, ecomodernistas que confían en la tecnología, antropocentristas que creen que el ser humano debe gestionar el planeta y posthumanistas que proponen una convivencia equitativa con la naturaleza. Los dos últimos grupos están en auge.
Desde la prehistoria seguimos mirando la hoguera y creando historias. Hoy, cada vez más personas sueñan con un mundo donde humanos y naturaleza sean compañeros de casa bajo el mismo techo: la Tierra.
Inventos clave que marcaron el camino
Fuego
Controlar el fuego permitió crear refugios seguros, cocinar alimentos y contar historias. Hoy el fuego está presente en centrales eléctricas, estufas, parrillas y motores, pero su combustión libera CO₂, el principal gas de efecto invernadero.
Agricultura
Hace más de diez mil años surgieron la agricultura y la ganadería, transformando al nómada en agricultor con vivienda permanente. La intensificación agrícola alimenta a más personas, pero también aumenta la presión sobre los ecosistemas y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Máquina de vapor
El siglo XVIII vio las primeras máquinas de vapor; el siglo XIX, las fábricas. La eficiencia mejoró con James Watt y el consumo energético neerlandés se quintuplicó, impulsado por el carbón.
Lámpara incandescente
Thomas Edison popularizó la luz eléctrica, desplazando la iluminación a gas. La electricidad se convirtió en la columna vertebral de la energía moderna.
Motor de combustión interna
El petróleo llegó a los Países Bajos desde Indonesia a finales del siglo XIX. Con el automóvil del siglo XX, la gasolina y el diésel se expandieron, dando origen a la industria petroquímica.
Aviación
El avión redujo las distancias, pero también disparó el consumo de energía. Entre 1960 y 2018, los kilómetros de pasajeros aumentaron de 100 mil millones a más de 8 billones, elevando las emisiones de CO₂ siete veces.
Internet
La computación y la red global generan enormes volúmenes de datos que requieren centros de datos intensivos en energía. Se estima que el sector de las TIC aportará alrededor del 14 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en los próximos 20 años.
Células solares
La transición hacia energías renovables avanza con parques eólicos y solares. Sin embargo, la producción de paneles solares implica extracción de materias primas y puede ampliar la brecha energética entre quienes pueden permitírselo y quienes no.