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¿Hubiera sido posible evitar la guerra?

Desde el fin de la Guerra Fría en 1989, la UE y la OTAN se han expandido hacia el este. ¿Por qué eso inquieta tanto a Rusia? ¿Qué decisiones habría podido tomar Occidente para evitar el conflicto actual?

La guerra en Ucrania lleva ya tres semanas. Ciudades como Mariúpol y Kyiv sufren cada día ataques rusos cada vez más intensos. La cumbre de ministros de exteriores de Ucrania y Rusia en Antalya, Turquía, no produjo ningún avance y, por el momento, es incierto cuándo y cómo podrá terminar la violencia.

En la cumbre, el ministro ruso Lavrov reiteró sus exigencias: que Ucrania reconozca a Crimea como territorio ruso, que los «repúblicas populares» de Donetsk y Lugansk sean estados independientes, y que su constitución prohíba cualquier adhesión a la OTAN o a la UE. Lavrov también culpó al Occidente, argumentando que ha obligado a Ucrania a elegir entre Rusia y Occidente.

Desde la perspectiva rusa

Para el presidente Putin, Ucrania forma parte del "Mundo Ruso": una unión histórica de lengua, cultura y religión. Ese concepto lo expuso en un artículo del año pasado y es compartido por muchos rusos, que ven a Ucrania como una pieza esencial de su esfera cultural. Según Lavrov, si Occidente impulsa a Ucrania a romper ese vínculo, Rusia se verá obligada a intervenir de forma contundente.

Esta no es la primera vez que Rusia atribuye la responsabilidad del conflicto al Occidente. "Las raíces de esta guerra están en la expansión de la OTAN", tuitó el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso el 28 de febrero, pocos días después de la invasión.

La expansión de la OTAN y la UE hacia el este durante los últimos 30 años ha generado una profunda desconfianza en Moscú. Analizar los hechos desde la óptica rusa ayuda a comprender mejor las motivaciones que alimentan la violencia y, en última instancia, a buscar una salida pacífica.

Geopolítica 101

El tuit del Ministerio enlazaba a un artículo de 2014 de John J. Mearsheimer, destacado politólogo de la Universidad de Chicago. Mearsheimer escribe: "La expansión de la OTAN es el eje de la estrategia occidental para alejar a Ucrania de la esfera de influencia rusa e integrarla al bloque occidental. Rusia no aceptará eso. La primera lección de geopolítica es que los grandes Estados siempre resisten las amenazas en sus fronteras".

Según él, Occidente debe decidir entre seguir antagonizando a Rusia, arriesgándose a la destrucción de Ucrania, o apoyar una Ucrania neutral, estable y próspera que no represente una amenaza para Moscú.

Advertencias de expertos

Además de Mearsheimer, varios intelectuales habían alertado sobre los riesgos de una mayor expansión de la OTAN. George Kennan, arquitecto de la política estadounidense durante la Guerra Fría, advirtió en 1989 contra la ampliación. Henry Kissinger, exsecretario de Estado, señaló en 2014 que para Rusia Ucrania es "parte central de su hogar cultural".

Una promesa incumplida

La OTAN nació en 1949 como defensa colectiva contra la Unión Soviética. El artículo 5 del tratado establece que un ataque contra un miembro se considera ataque contra todos. Tras el fin de la Guerra Fría, en 1990 los Estados Unidos hicieron promesas informales a la URSS de que la alianza no se expandiría hacia el este después de la reunificación alemana.

Sin embargo, investigaciones del historiador Joshua Shifrinson revelan que, ya en 1990, los responsables estadounidenses ya planificaban una expansión de la OTAN para reducir la influencia rusa en Europa Central y del Este. Según Shifrinson, se le dio a Gorbachov una "ilusión de confort" para facilitar la reunificación alemana, mientras se trazaba la expansión hacia el este.

Desde 1999, la OTAN ha incorporado países de Europa del Este en varias rondas (1999, 2004, 2009). Esta trayectoria alimenta la percepción rusa de una "promesa rota".

Factores que alimentan la desconfianza

En 1999 la OTAN intervino en Yugoslavia contra el régimen de Slobodan Milošević, aliado de Rusia, sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que la calificó de acción ilegal según el derecho internacional. Rusia, todavía debilitada tras la crisis económica de los años 90, vio esa intervención como una señal de que la OTAN ya no era meramente defensiva.

En 2008, la promesa de ampliar la OTAN a Georgia y Ucrania desencadenó la guerra entre Rusia y Georgia. La percepción de una amenaza directa en su zona de influencia llevó a Moscú a intervenir militarmente.

Esperanzas falsas

Andrew Gawthorpe, historiador de la Universidad de Leiden, critica la ambigüedad de la política occidental. El plan de acción de membresía (MAP) ofrecido a Ucrania era intencionalmente vago; muchos miembros de la OTAN, incluidos Alemania y Francia, consideraban poco realista su incorporación a corto plazo. Esa falta de claridad generó en Ucrania una esperanza ilusoria que, tras 2014, resultó en desilusión.

Gawthorpe subraya que, para Rusia, Ucrania es crucial no solo culturalmente, sino también estratégicamente: históricamente, los invasores que amenazaron a Rusia (Napoleón, la Alemania nazi) cruzaron por la llanura norte europea, pasando por Ucrania. Una Ucrania próspera y alineada con Occidente constituiría una amenaza directa al régimen autoritario ruso.

Contra las esferas de influencia

Noam Chomsky, crítico estadounidense, ya advertía en 2015 que la membresía de Ucrania en la OTAN sería inaceptable para cualquier líder ruso. En 2021, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, afirmó que Rusia no tiene derecho a imponer su esfera de influencia, pero la propia OTAN sigue avanzando con la idea de una Ucrania neutral.

Algunos analistas, como Gawthorpe, sugieren que la atención de EE. UU. se centró cada vez más en China, relegando la cuestión rusa a un segundo plano. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 menciona a China 18 veces y a Rusia solo 5, lo que podría haber llevado a subestimar la capacidad de Putin para iniciar un conflicto de gran escala.


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