Revalorando la tradición kantiana
La idea de que Kant y la psicología nunca han coincidido es una visión dominante, pero errónea. Ese prejuicio se originó en una disputa metodológica del siglo XIX. El historiador y filósofo Peter Sperber, de la Universidad de Utrecht, lo corrige en su reciente tesis doctoral.
Immanuel Kant (1724‑1804) es uno de los filósofos modernos más influyentes de la tradición occidental. Revolucionó la forma de concebir la mente humana y la percepción sensorial, incorporando conceptos que hoy consideraríamos psicológicos, aunque en su época la psicología aún no era una ciencia independiente.
Olvidar a los perdedores
«En la Crítica de la razón pura (1781), Kant sostiene que el espacio, el tiempo y la causalidad no existen en el mundo por sí mismos, sino que son estructuras que la mente humana impone para organizar una experiencia sensorial infinita. Sin esas formas, la percepción sería incomprensible», explica Sperber. Así, Kant utilizó terminología y ideas que pertenecen al ámbito de la psicología para construir sus teorías sobre la mente.
La creencia de que Kant no tiene nada que ver con la psicología se debe, en parte, a una disputa académica que se desató a finales del siglo XIX, cuando filosofía y psicología se separaron en disciplinas distintas. Los vencedores de esa contienda borraron del relato histórico a los que defendían la integración de ambas áreas.
Todo tiene que ser empírico
El conflicto surgió a raíz de la crisis filosófica del inicio del siglo XIX. Los filósofos empezaron a investigar la mente tanto mediante la reflexión como mediante la investigación empírica basada en la percepción. En ese momento la psicología no era una ciencia autónoma, y las nuevas ciencias empíricas —las naturales y la matemática— ganaban terreno sobre la filosofía.
Los kantianos, seguidores de Kant, comenzaron a debatir si la psicología podía constituir una dirección de investigación independiente. Algunos intentaron extraer de la obra kantiana una teoría psicológica coherente; otros, en cambio, abogaron por eliminar la psicología de la filosofía.
Un ejemplo olvidado es el kantiano radical Friedrich Eduard Beneke (1798‑1854), que propuso sustituir la filosofía por una psicología empírica, con la esperanza de salvar a la filosofía del declive y hacerla tan exitosa como las ciencias naturales.
Salida de la psicología
Sperber muestra que separar la filosofía de Kant de la psicología es históricamente incorrecto, pues en la época de Kant ambas disciplinas no estaban diferenciadas. Sólo a mediados del siglo XIX empezó a cristalizar la separación, y al final del siglo se consolidó como una división definitiva, con la psicología relegada a un papel marginal para legitimar su independencia.
Kant sí criticó ciertos enfoques psicológicos, pero su postura responde al clima intelectual de su tiempo, en el que había una intensa batalla metodológica sobre cómo estudiar la mente sin que las teorías quedaran sujetas a cambios posteriores.
Restaurar la historia
Desde los años noventa, filósofos han retomado el interés por la psicología dentro de la obra kantiana, aunque la visión de que Kant evitaba la psicología sigue predominando. Sperber afirma que Kant se inspiró en múltiples fuentes, incluida la psicología, y que reducir su pensamiento a un programa coherente es imposible.
Con su investigación, Sperber aporta una imagen olvidada de la tradición kantiana: la lucha entre filosofía y psicología, que también involucró a otros pensadores, influyó profundamente en sus obras. Además, muestra cómo una disciplina científica se fue consolidando gradualmente.