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Trauma kurdo y Amna Suraka: ganadora del Premio Volkskrant‑IISH 2015 a la Tesis de Historia

Una investigación sobre el trauma colectivo

Para su tesis de maestría, Bareez Majid dedicó cuatro meses a investigar en Amna Suraka, Irak. La antigua prisión, convertida en museo y sitio de memoria, conmemora el genocidio contra los kurdos durante el régimen de Saddam Hussein. Majid descubrió que el espacio museográfico ofrece escasas oportunidades para abordar el trauma de los prisioneros torturados.

Premio Volkskrant‑IISH 2015

Con su trabajo titulado In Order Not to Forget: A Critical Study of the Iraqi‑Kurdish Museum of Amna Suraka, Bareez Majid (Estudios de Oriente Próximo, Universidad de Leiden) obtuvo el Premio Volkskrant‑IISH a la Tesis de Historia de este año. En su estudio, que explora los traumas de guerra y la forma de conmemoración, analiza el museo Amna Suraka, una prisión que funcionó en el Kurdistán iraquí bajo el mandato de Saddam Hussein. Durante la investigación de campo, entrevistó a empleados, visitantes y antiguos prisioneros.

¿De qué trata su tesis?

“Investiga cómo los recuerdos colectivos de hechos traumáticos se insertan en la construcción de la identidad kurda. El museo narra una historia de genocidio y muerte dirigida principalmente a audiencias extranjeras, vinculándola implícitamente al anhelo de autonomía kurda. Para la población local, la exposición se centra en la supervivencia y en la necesidad de seguir adelante sin mirar atrás”.

¿Qué es Amna Suraka?

“El museo representa el genocidio kurdo que tuvo lugar en el edificio, una prisión donde se recluyeron y torturaron sobre todo a presos políticos. El complejo incluye: una zona dedicada a trajes y objetos kurdos, una exposición fotográfica sobre los kurdos que huyeron en 1991, y una sala que muestra los nombres de las víctimas del Anfal, la campaña anti‑kurda de Saddam”.

“En una sala se exhiben objetos recuperados de víctimas enterradas vivas; las paredes están cubiertas con nombres y fotografías, acompañados de grabaciones de mujeres llorando. Otra habitación pequeña alberga esculturas que representan posturas de tortura, intentando dar visibilidad al sufrimiento de los prisioneros”.

Motivación del tema

“Quería saber si las víctimas se reconocen en este sitio de trauma y si el museo les brinda un espacio para procesar su dolor. Descubrí que, salvo en la sala de esculturas, la narrativa del genocidio se utiliza para reforzar una imagen heroica del kurdo que no puede ser aniquilado, más que para atender las necesidades de los sobrevivientes”.

Majid, ex‑refugiada de la zona, señala que su origen personal influyó en la elección del tema, pero no fue el único factor: “Llevo años trabajando sobre la conmemoración y la Shoah. Conozco de primera mano la cantidad de traumas no procesados y la escasa atención que reciben. A diferencia de los memoriales del Holocausto, este museo carece de matices y está excesivamente politizado”.

Desafíos durante la investigación

“Tras la aprobación del proyecto, la presencia del Estado Islámico en la zona complicó la logística y me recordó que la historia podía estar repitiéndose. Contactar a ex‑prisioneros fue particularmente difícil; tuve que ser presentada por familiares que también habían sido internos”.

Crítica a la gestión del museo

“Los patrocinadores extranjeros utilizan la historia del genocidio kurdo y el museo como plataforma de autopromoción, sin transparencia sobre sus intenciones. Los europeos, familiarizados con la importancia de los sitios de memoria del Holocausto, deberían respetar la neutralidad del espacio; de lo contrario, se trata de una forma de colonización cultural”.

Otros problemas señalados son la prioridad dada a los ideales políticos de los fundadores y curadores, en detrimento de las víctimas, y la ausencia de espacios que reconozcan a las mujeres prisioneras, muchas de ellas víctimas de violación.

Conclusión principal

“Un sitio como el museo Amna Suraka, pese a su carga política, puede contribuir al procesamiento del trauma si identifica al perpetrador del genocidio y, sobre todo, si permite a las víctimas contar su historia a las nuevas generaciones. Actualmente, el museo da algunos pasos en esa dirección, pero aún tiene mucho margen de mejora”.

Sobre el Premio Volkskrant‑IISH

El premio, concedido anualmente desde 2010, reconoce tesis de maestría con enfoques innovadores, ya sea por un tema nuevo o por una perspectiva original sobre un tema existente. Incluye una dotación de 1.500 €, y el jurado ha destacado la tesis de Bareez Majid como una obra que conmoverá a sus lectores.

Ganadores anteriores incluyen a Stefan Penders (2013), Floris Keehnen (2012) y Joppe van Driel (2011).