Durante la época comunista, el cruce entre Polonia y Rumanía se convirtió en una ruta clandestina de comercio. Cuando los estantes de las farmacias estaban vacíos y los bolsillos de la gente escasos, surgió una oportunidad de negocio: comprar medicamentos baratos en Polonia y venderlos a precios elevados en Rumanía, donde la escasez era extrema.
La prohibición del aborto en Rumanía
En 1966, bajo la dictadura de Nicolae Ceaușescu, se instauró una prohibición total del aborto y se criminalizó a médicos, parejas y mujeres que intentaran interrumpir un embarazo. La medida provocó una crisis sanitaria y social: los anticonceptivos desaparecieron de los comercios y, según el historiador Jan Głuchowski, alrededor del 60 % de las mujeres hospitalizadas por emergencias obstétricas entre 1966 y 1989 habían intentado abortos clandestinos que a menudo terminaban en tragedia.
Biseptol y aspirina como "anticonceptivos"
Los turistas polacos descubrieron que, además de los analgésicos, el Biseptol (un antibiótico de amplio espectro) y la aspirina tenían una reputación entre los rumanos como métodos para prevenir el embarazo, aunque sus prospectos oficiales nunca mencionaran tal uso. El Biseptol se anunciaba para infecciones urinarias, respiratorias, gastrointestinales y cutáneas, pero en la práctica se vendía como una solución preventiva contra la concepción.
Así, en las maletas de los veraneantes polacos se encontraban cantidades ingentes de estas pastillas. Un caso descrito por Głuchowski relata a una mujer que llevaba 100 paquetes de Biseptol; al ser interrogada por la aduana, alegó que eran para su marido y sus colegas de trabajo en Bucarest.
Escenas en los resorts
El contrabando no se limitaba a los aeropuertos. En los hoteles de la costa rumana, las mujeres polacas extendían toallas junto a la piscina y vendían discretamente Biseptol a los curiosos clientes. Cuando la policía irrumpió, una de ellas, presa del pánico, huyó desnuda por la calle, dejando atrás su mercancía.
El negocio de los preservativos
Los condones también eran un artículo muy demandado. Según el mismo testimonio, una viajera transportaba 1 000 preservativos y, ante la sorpresa del agente de aduanas, respondió con una sonrisa: "Para mi propio uso, señores". Los recepcionistas de hotel resultaron ser compradores habituales, pues con estos productos podían satisfacer a los huéspedes y obtener una comisión.
Fuentes
Este relato se basa en el libro de Jan Głuchowski «Na Saksy i do Bułgarii» (Bellona, 2019), que recoge anécdotas y detalles sorprendentes de la vida bajo los regímenes comunistas.