Hoy la palabra "rehén" tiene un sentido muy concreto: una persona retenida a modo de garantía por motivos económicos, políticos o de cualquier otro tipo. En la antigüedad, sin embargo, el concepto era diferente. En el mundo grecorromano el rehén combinaba, a la vez, la condición de prisionero, de huésped y de mediador, aunque su papel variaba según la época y la cultura.
Según la Treccani, el ostaggio es "ciudadano de un estado enemigo que un beligerante mantiene bajo su poder y contra el cual amenaza con tomar determinadas medidas".
El destino del rehén dependía de su linaje, de sus dotes políticas y de la relación de poder entre la civilización de origen y la que lo acogía. A continuación, analizamos el origen del término y su evolución en distintas culturas.
Etymología de la palabra "rehén"
El vocablo proviene del antiguo francés hostage, que a su vez deriva del latín tardío hospitāculum, de hospes‑pĭtis, literalmente "huésped político". En la antigüedad, el término estaba estrechamente ligado a la hospitalidad y a la política; la hospitalidad no era meramente social, sino una herramienta de intereses políticos.
Rehenes de Egipto a Roma
El concepto de rehén no era universal: cada civilización lo entendía a su manera y, a veces, la misma sociedad lo reinterpretaba a lo largo del tiempo.
El rehén en el Antiguo Egipto
Hasta la conquista de Alejandro, el rehén egipcio era un prisionero político, distinto del prisionero de guerra. Los nobles de los reinos vasallos enviaban a sus hijos a la corte del faraón, donde vivían como huéspedes y, a menudo, ocupaban cargos públicos. Su presencia garantizaba la lealtad del vasallo al faraón.
Un ejemplo clásico es la historia bíblica de José, quien, como jefe tribal, juró lealtad al faraón a cambio de protección para su pueblo.
El rehén en la Grecia antigua
En la Grecia arcaica, el rehén también cumplía una función política. Mitos como el del Minotauro aluden a rehenes ofrecidos para mantener la paz entre Creta y Atenas. En la época clásica, el rehén seguía siendo un garante de tratados y de la observancia de las normas de guerra, papel que la civilización romana heredaría.
Los rehenes griegos eran personas de alto rango: nobles, políticos, filósofos o eruditos. Un caso destacado es el de Filipo II de Macedonia, entregado como rehén en Tebas durante más de treinta años, tiempo en el que aprendió el idioma, las costumbres y la táctica militar tebanas, conocimientos que aplicó al regresar a Macedonia.
Esclavitud y educación para Aristóteles
Aristóteles concebía la esclavitud como una institución civilizadora que transformaba al bárbaro en ciudadano griego. Esta visión se asemeja a la experiencia de Filipo II, cuyo largo exilio le sirvió de educación integral.
El rehén en la civilización romana
Roma, a diferencia de Grecia, absorbía modelos culturales y tecnológicos de los pueblos con los que convivía. El concepto de rehén evolucionó, pasando de huésped amistoso a garante de pactos cuya fuga podía romper la alianza.
El mito de Clelia y Porsenna
El relato más antiguo de rehenes romanos aparece en la mitología: Clelia y otras nueve chicas son entregadas al etrusco Porsenna como garantía de paz. En una versión, Clelia escapa y, impresionado, Porsenna la libera; en otra, su fuga provoca que se le obligue a permanecer como rehén, aunque sin castigos severos.
Estas variantes muestran que, en la Roma arcaica, los rehenes podían ser tratados como huéspedes más que como prisioneros.
Polibio, historiador griego y rehén en Roma
En el siglo II a.C., durante la Tercera Guerra Púnica, el historiador griego Polibio fue tomado como rehén por Roma. Disfrutó de gran libertad y de la amistad de la familia Scipio. Su presencia servía para asegurar que las polis griegas no se aliaran con Aníbal y para garantizar la paz entre Roma y el mundo helénico.
Evolución del concepto de rehén
Con la caída del Imperio romano, la figura del rehén se mantuvo como pilar de alianzas en la Edad Media y, en la época moderna, se vinculó al concepto de «esclavo educado» durante los conflictos con el Imperio otomano.
En la Antigüedad no existía una codificación universal del papel del rehén; sin embargo, la práctica formaba parte del Jus ad bellum y del Jus in bello. De esta tradición surgieron, a través del Corpus iuris civilis de Justiniano y de juristas como Agustín de Hipona, Francisco de Vitoria, Tomás de Aquino, Hugo Grocio, Thomas Hobbes e Immanuel Kant, los conceptos modernos de prisionero de guerra, cuyas garantías se consagraron en la Convención de Ginebra de 1864 y el Lieber Code.
Bibliografía
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