Courtesanes, hijas de Corinto, damas de moral flexible… Existen muchos eufemismos para la "profesión más antigua del mundo". Sin embargo, la vida de las prostitutas nunca ha sido poesía. A continuación, diez hechos que demuestran lo difícil que ha sido su historia.
Los mitos y leyendas sobre la mujer caída aparecen en la literatura y en los lienzos de grandes pintores. Aunque se las suele llamar la "profesión más antigua del mundo", a lo largo de los siglos la sociedad ha sido extremadamente hipócrita con ellas.
10. El verdugo que contrataba y castigaba
En la Cracovia del siglo XVI‑XVII la prostitución floreció tanto que el viajero húngaro Martin Csombor, en 1618, comentó: «En cuanto a moralidad, no creo que haya habido más libertad en Sodoma y Gomorra que en Cracovia».
Las mujeres trabajaban de forma independiente o en burdeles autorizados, los llamados "burdeles municipales", que generaban ingresos para la autoridad local. El encargado de ese negocio era la esposa del verdugo.
Aunque aportaban dinero a la ciudad, eran tratadas como ciudadanas de segunda clase. El propio verdugo, que ejecutaba los castigos, se beneficiaba del burdel de su esposa y, después de azotar a los prisioneros, a veces les ofrecía trabajo.
9. La prostituta como arma biológica
Durante la ocupación alemana, algunas prostitutas polacas colaboraron con el Ejército de Casa para infectar a los soldados nazis con sífilis. Jan Karski, mensajero de la Polonia combatiente, relató en «Estado Secreto» que utilizaban prostitutas sabidamente enfermas para organizar encuentros con oficiales alemanes.
Las enfermedades venéreas se convirtieron en un problema serio para la Wehrmacht. Además, durante esos encuentros, algunas mujeres robaban armas y las entregaban a la resistencia.
8. Espía o muerte
En 1939, los nazis capturaron a Kitty Schmidt, dueña de un burdel de lujo para judíos adinerados en Berlín, y le ofrecieron una única opción: cooperar o morir en un campo de concentración.
Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, vio una oportunidad de obtener información. Kitty y sus trabajadoras se convirtieron en agentes secretos del régimen.
El edificio estaba lleno de micrófonos y cámaras ocultas bajo cortinas rojas. Gracias a ellas, Heydrich escuchó conversaciones de figuras como el ministro de Relaciones Exteriores Joachim von Ribbentrop, el cuñado de Mussolini, el conde Galeazzo Ciano, y el secretario de Hitler, Martin Bormann.
7. Prostituta para el dolor de cabeza
En el siglo XIX se creía que la abstinencia sexual provocaba enfermedades y la muerte, pero solo en los hombres. Los caballeros, temerosos de molestar a sus esposas, recurrían a las prostitutas como remedio para migrañas.
Según estadísticas de la época, hasta una de cada tres mujeres en Varsovia (entre 20 y 35 años) trabajaba en la prostitución. Los hombres defendían una moral estricta para sus propias familias, pero utilizaban a las prostitutas como "píldora" para sus necesidades.
6. Una noche con Fidel Castro…
Durante la República Popular de Polonia, las divisas extranjeras eran manejadas por espías, especuladores y prostitutas de lujo. Estas damas, educadas y bien vestidas, atendían a clientes internacionales, incluidos políticos y diplomáticos.
Se rumorea que, para la visita de Fidel Castro, se prepararon especialmente las chicas del restaurante del Hotel Europeo, pues el líder cubano supuestamente tenía una gran demanda de contactos íntimos simultáneos.
5. Todas beben vodka, casi ninguna sabe leer
Las prostitutas de élite, elegantes y educadas, eran la excepción. La gran mayoría, antes de la guerra, era analfabeta y alcohólica.
Según los apuntes de la doctora Maria Grzywa‑Dąbrowska, quien atendía a prostitutas enfermas cerca de Łódź, la mayoría eran analfabetas; pocos lograban aprender a leer aun recibiendo clases.
Muchas robaban alcohol del laboratorio del hospital y, a muy temprana edad, ya estaban dependientes de la bebida.
4. Gratis para el "padrino"…
Cada conflicto bélico aflojaba la moral y aumentaba la demanda de "hijas de Corinto". Los burdeles móviles seguían a los ejércitos, y algunas mujeres se ofrecían como voluntarias por motivos patrióticos.
En la Primera Guerra Mundial, las cortesanas francesas adoptaban a soldados, ofreciéndoles servicios gratuitos cuando regresaban a sus hogares.
3. Veinte clientas al día para ganar un salario
En el siglo XIX, Moscú tenía su propio distrito rojo: la famosa Sretenská Górka, frecuentada por aristócratas, criminales y amantes de lo perverso.
En los burdeles de menor categoría, una prostituta debía atender hasta 20 clientes al día para alcanzar un salario digno, mientras que las de élite ganaban mucho más.
Algunos locales, como el del boulevard Pietrowski, ofrecían servicios para sadomasoquistas.
2. Incluso la hija del faraón puede acabar en un burdel…
En el Antiguo Egipto la prostitución del templo era respetada. El faraón Rampsynite utilizó a su propia hija como espía para averiguar quién había robado el tesoro real, preguntando a cada cliente por su acto más audaz.
Los egipcios eran liberales en cuanto a sexualidad, pero el faraón no dudó en explotar a su hija con fines políticos.
1. Violada, golpeada, humillada: el horror de las prostitutas romanas
En la antigua Roma la prostitución era una vida de violencia y humillación. Muchas mujeres y hombres eran esclavos vendidos a sus dueños o a proxenetas.
Los romanos mostraban su licenciosidad en frescos públicos y privados. Las prostitutas, tanto hombres como mujeres, eran tratadas como objetos: castrados, marcados, tatuados, golpeados con sandalias, quemados con velas o azotados. Si quedaban embarazadas, se les obligaba a abortar.