La caída de Cartago marcó el acto final de las Guerras Púnicas, un conflicto que, por su magnitud, puede compararse con las guerras mundiales del siglo XX y, simbólicamente, con la Guerra Fría. Así como el colapso de la Unión Soviética fue visto como el «fin de la historia», algunos contemporáneos de la destrucción cartaginesa ya reflexionaban sobre el posible fin de la civilización.
Tras la victoria, Roma quedó como única potencia dominante en el Mediterráneo, rodeada de tribus bárbaras. Para los romanos de la época, su imperio parecía eterno. Sin embargo, Polibio registra una visión de Escipión Emiliano que, al contemplar las ruinas de Cartago, derrama lágrimas ante la idea de que, al igual que Cartago, Roma también podría experimentar su propia decadencia.
La noción de que Roma, en el siglo II a.C., pudiera sucumbir parece anacrónica, pero autores como Diodoro (siglo I a.C.) y Apiano (siglo II d.C.) no omitieron las dudas que asaltaron la mente de Escipión después de la batalla. Hoy sabemos que ninguna civilización perdura para siempre; incluso la Roma imperial cayó, al igual que las civilizaciones griega, persa, fenicia, sumeria, egipcia, bizantina, islámica, otomana, española, francesa o británica.
Polibio, como griego cautivo en Roma, tuvo una perspectiva distinta a la de sus contemporáneos. En este artículo analizamos cómo Polibio, Diodoro y Apiano relatan la capitulación de Cartago y qué nos dice cada uno sobre el declive de los imperios.
Polibio
Polibio fue un historiador griego nacido alrededor del 206 a.C. Fue enviado a Roma como rehén en 166 a.C., donde permaneció unos 17 años. Allí se afilió a la gens Cornelia y se convirtió en tutor de Publio Cornelio Escipión Emiliano, el general que dirigió el asedio final de Cartago.
Su estrecha amistad con Escipión le permitió acompañar al general durante el asedio y recorrer los escombros de la ciudad tras su rendición. Polibio relata, de forma emotiva, las lágrimas de Escipión al ver Cartago ardiendo, presagiando la futura caída de Roma.
Diodoro
Diodoro de Sicilia, nacido aproximadamente en 90 a.C., se consideraba a sí mismo historiador griego, aunque vivió bajo dominio romano. Su obra monumental, la Biblioteca Histórica, pretendía cubrir la historia universal desde la creación del mundo hasta la época de Julio César.
Para la narración de la tercera guerra púnica, Diodoro recurrió a múltiples fuentes, entre ellas a Polibio, pero también a autores ahora perdidos. Su estilo es neutral y su objetivo es presentar los hechos sin la carga emocional que caracteriza a Polibio.
Apiano
Apiano, nacido en Alejandría alrededor del 95 d.C., vivió durante el alto Imperio romano bajo los emperadores Trajano, Adriano y Antonino Pío. Tras formarse en la famosa biblioteca de Alejandría, se trasladó a Roma, donde ejerció como procurador.
Escribió su Historia Romana varios siglos después de los hechos, basándose en fuentes anteriores, entre ellas Polibio y Diodoro. Su relato está influido por la visión imperial de su época y carece de la proximidad emocional que encontramos en Polibio.
Comparación de los autores
Los tres historiadores coinciden en los hechos esenciales de la caída de Cartago, aunque difieren en detalles y énfasis. La anécdota de las lágrimas de Escipión aparece solo en Polibio, lo que refleja su vínculo personal con el general.
Las lágrimas de Escipión
Polibio describe que, al ver la ciudad incendiada, Escipión tuvo una visión del futuro: la misma destrucción que acababa de infligir a Cartago podría, algún día, recaer sobre Roma. Esta reflexión nace del contexto de Polibio, que había sido testigo de la decadencia de la civilización helénica y veía a Roma como la nueva hegemonía, pero no inmortal.
Diodoro y Apiano, más alejados temporalmente de los hechos y viviendo en periodos de expansión romana, no consideran relevante ese episodio y se centran en la dimensión histórica del conflicto.
La caída de Cartago
La tercera guerra púnica (149‑146 a.C.) culminó con la destrucción total de Cartago, una potencia comercial, naval y militar que había dominado el Mediterráneo occidental. Tras la rendición, Roma impidió la ocupación del territorio durante veinticinco años, borrando prácticamente cualquier rastro de la ciudad.
Los tres autores coinciden en que Cartago no tuvo posibilidad de victoria y que su única alternativa habría sido someterse a Roma, integrándose en la civilización romana.
Si los hermanos Barca hubieran aceptado la sumisión, la historia del mundo podría haber tomado un rumbo distinto, pero la realidad es que Escipión Emiliano logró su objetivo y la ciudad quedó reducida a escombros.
Bibliografía
E. Lo Cascio, Storia romana. Antologia delle fonti G. Geraci, A. Marcone, Fonti per la storia romana