historia historica

Más innovación, por favor

Jamás la tecnología se había desarrollado tan rápido como ahora, ¿verdad? El economista Robert Gordon dice que no. Según él, las innovaciones más importantes se dieron entre 1870 y 1970.

Internet ya ha transformado nuestras vidas: podemos comunicarnos al instante en casi cualquier parte del mundo. Las apps en smartphones y tablets hacen la vida más cómoda. Hace poco, los empleados aún luchaban con faxes y las cartas tardaban días en llegar. Resulta difícil imaginar la lentitud de la comunicación de entonces. También están los robots, que rescatan personas o guían a viajeros perdidos en el aeropuerto de Schiphol. Las invenciones parecen sucederse una tras otra.

El laberinto de datos

Aun así, Gordon no está tan impresionado con internet, los smartphones, las apps o el correo electrónico. Sostiene que la innovación actual es diminuta comparada con los grandes descubrimientos de 1870‑1970, y que nuestra época no puede igualar ese periodo.

En su controvertido y bien documentado libro The Rise and Fall of American Growth, el economista de Northwestern University respalda sus argumentos con una enorme cantidad de datos: cifras, tablas y gráficos que guían al lector por un verdadero laberinto de información.

Para comprender su punto, retrocedamos a 1870. La mayoría de la gente se bañaba en una gran tina una vez al mes; solo una habitación de la casa estaba calefaccionada; aún no existían lavadoras ni otros dispositivos que ahorraran tiempo, y viajar era lento e incómodo.

Cien años después, la diferencia es abismal: alcantarillado, agua corriente y electricidad prácticamente en todas partes. En 1940, el 80 % de los estadounidenses urbanos tenía inodoros de descarga y casi todos contaban con electricidad. El ascensor hizo posibles los rascacielos, mientras que surgían trenes, aviones, automóviles y bicicletas. En salud, ya se usaban antibióticos y rayos X.

El coche volador

«La revolución económica entre 1870 y 1970 es única en la historia y no se repetirá, porque esos grandes logros solo pudieron suceder una vez», escribe Gordon, quien destaca la velocidad con la que se introdujeron esas innovaciones.

Gordon muestra, con abundantes datos, cómo esas innovaciones cambiaron la vida cotidiana: qué vestían, dónde vivían, qué comían y dónde compraban alimentos. Todos esos indicadores revelan un enorme crecimiento de la prosperidad.

El progreso fue tan rápido que, en los años setenta, se hablaba de coches voladores o alfombras voladoras. La realidad, sin embargo, fue que seguimos conduciendo automóviles que cambian poco con el tiempo. Aunque aparecen cada vez más gadgets, según Gordon, eso es una mínima fracción comparada con la transformación de los medios de transporte.

El debate

El libro de Gordon invita a la reflexión. Recientemente leí una entrevista con el economista y columnista del Guardian Paul Mason, quien afirmó que los jóvenes de hoy han vivido la revolución tecnológica más veloz de la historia.

Gordon lo contradice, argumentando que siempre nos asombra la mejora de productos existentes –por ejemplo, una computadora más rápida–, pero sigue siendo “más de lo mismo”. Cita al inversor estadounidense Robert Thiel: "Esperábamos coches voladores; lo único que conseguimos fueron 140 caracteres (Twitter)".

¿Tiene razón Gordon? El tema sigue abierto, sobre todo en EE. UU. En una entrevista con NRC Handelsblad, Gordon comentó que Bill Gates considera su libro malo. El premio Nobel y profesor de economía Paul Krugman respondió con matices: "Este libro desafiará tus ideas sobre el futuro y, sin duda, transformará cómo ves el pasado", escribió en el New York Times.

El reino de los números

Gordon aún no me ha convencido del todo. Después de 1970 también hemos visto avances impresionantes en comunicaciones y robótica, que el economista tiende a subestimar. No obstante, su argumento de que el cambio entre 1870 y 1970 supera al de 1970‑presente es sólido, aunque parte de ello se debe a que antes de 1870 había pocas innovaciones y la prosperidad era limitada.

Lo que distingue a Gordon es que no se limita a lanzar opiniones; respalda cada comparación con abundantes datos y explica por qué elige ciertas estadísticas. El libro no es solo una colección de números, sino también una historia bien escrita: describe cómo vivían las familias, qué comían y cómo evolucionaron las distintas generaciones, recordándonos que detrás de cada cifra hay personas reales.