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Un emotivo homenaje a Alan Turing, descifrador del código Enigma en la Segunda Guerra Mundial

En la película The Imitation Game, Benedict Cumberbatch interpreta al excéntrico matemático Alan Turing, pieza clave para romper los códigos Enigma de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El actor da vida a un héroe de guerra cuya historia fue, hasta hace poco, poco reconocida.

Alan Turing es poco conocido fuera de los círculos académicos, aunque fue el primero en concebir el funcionamiento de una computadora y creó la famosa prueba para evaluar la inteligencia artificial. Su contribución individual a la derrota de los nazis es, sin duda, una de las más importantes del conflicto.

Al descifrar Enigma, los Aliados pudieron interceptar y leer los mensajes secretos alemanes, lo que, según varios historiadores, acortó la guerra entre uno y dos años al anticipar los planes del enemigo.

Aunque su labor fue decisiva, Turing no recibió reconocimiento tras el conflicto; al contrario, fue perseguido por su homosexualidad y obligado a elegir entre la cárcel y la castración química. La película representa una larga esperada reparación a través de un gran homenaje hollywoodense.

Un Turing poco convencional

El punto fuerte de la película es la actuación. Benedict Cumberbatch destaca al retratar a un Turing peculiar, obstinado y con dificultades para relacionarse con sus colegas. La interpretación roza lo autista, una característica que los guionistas exageran para intensificar el drama.

El guion enlaza de forma fluida la infancia de Turing, los años de guerra y el periodo posterior, creando una narrativa coherente. Aunque la trama se centra en su trabajo y el de su equipo, la amenaza bélica está siempre presente, evitando que la historia se convierta en una mera crónica de un matemático solitario en un cuarto trasero.

La ciencia en pantalla

Resulta imposible abarcar toda la influencia de Turing en la incipiente informática en una sola película, pero la historia se concentra en su labor como criptoanalista. Se muestra cómo los británicos, desde Bletchley Park, jugaban con los códigos alemanes que se creían irrompibles.

El gran avance llega con la máquina conocida como la "Bombe", llamada Christopher en la película en honor a la primera novia de Turing. Este dispositivo probaba innumerables combinaciones de Enigma hasta encontrar la configuración correcta para descifrar los mensajes.

Los realizadores cuidaron los detalles: los engranajes giran como en la máquina real. Sin embargo, omitieron que la construcción de la Bombe fue un esfuerzo colectivo y no obra exclusiva de Turing.

Algunos trucos de la criptoanálisis no aparecen, como la vulnerabilidad de Enigma de que una letra nunca se codificaba a sí misma, ni el uso de frases estándar alemanas como pistas. Asimismo, la máquina de Turing de 1936 y la prueba de Turing aparecen solo como notas al pie, lo cual resulta aceptable para no sobrecargar la trama.

Hollywood versus la realidad

Resulta extraño que personajes clave del equipo de Turing, como Gordon Welchman, estén ausentes. También se introduce un supuesto espía dentro del grupo, algo que no ocurrió en la historia real.

La relación romántica con Joan Clarke está ligeramente idealizada; estuvieron comprometidos brevemente, pero la película se permite ciertos licencias artísticas sin perjudicar su objetivo principal: rendir tributo a Turing.

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