El Papa Francisco y su combate a la corrupción en la Curia
En su último mensaje de Navidad, el Papa Francisco dijo sin rodeos que desea “barrer con una escoba” la corrupción que percibe en la Curia. El escaso aplauso que siguió reflejó la reacción de los cardenales presentes.
El pontífice parece haber aprendido de la historia: los relatos no siempre son gloriosos, pero pueden advertir sobre los peligros del presente.
Nuevas designaciones y medidas simbólicas
En el nuevo año, Francisco nombró a veinte nuevos cardenales, cinco de ellos por su labor caritativa. Los designados provienen de todos los continentes, no sólo de las diócesis tradicionales.
Desde el 1 de enero de 2015, las tiendas de recuerdos del Vaticano dejaron de vender pergaminos con bendiciones personales del Papa. La venta, ahora reservada al Vaticano con fines benéficos, recuerda las críticas de la Reforma a la venta de indulgencias.
Una acusación contundente
El mensaje navideño también fue una fuerte censura al clero de la Curia, a quienes describió como “chismosos egoístas” y “vanagloriosos” que persiguen el poder y viven en la “pobreza espiritual”.
Paralelos históricos
Reformadores como Lutero y Calvino denunciaron en el siglo XVI los abusos del clero: indulgencias, ambición, incumplimiento del voto de celibato y falta de formación. No todos los papas fueron cómplices; el holandés Adrián VI (1522‑1523) intentó reformar la Iglesia, pero su pontificado fue breve y rodeado de rumores de envenenamiento.
Adrián VI heredó una tesorería vacía y una corte opulenta. Intentó reducir el lujo, alimentando a los pobres con “pescado y cerveza”. Su política contrastó con la extravagancia de sus predecesores, como León X, quien también murió bajo sospechas de envenenamiento.
Al igual que Adrián, el Papa Francisco rechaza los excesos: vive en una casa de huéspedes sencilla y evita los lujos papales.
El cambio de timón en la historia
Cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517, la imprenta amplificó su denuncia. Adrián VI fue el primer papa en reconocer públicamente los abusos internos y prometer reformas, una postura que no volvería a verse hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes abordaron la relación con los judíos y los escándalos de abusos sexuales.
Riesgos para el pontífice
La historia muestra que cuestionar el poder eclesiástico puede ser peligroso. El Papa Pío XI, crítico de Mussolini y el fascismo, murió repentinamente en 1939; en 1972 el cardenal Tisserand alegó que fue asesinado por órdenes del dictador.
Afortunadamente, hoy Italia no está bajo un régimen fascista, pero cualquier reforma profunda sigue generando resistencia.
Conclusión
Si el Papa Francisco persiste en su agenda reformista, sería prudente que estudie los precedentes históricos y cuente con asesores leales que le ayuden a sortear los obstáculos.