"¡Johnny, responde! Dime, niño, ¿quién descubrió América?" "¡Los templarios, señora!" Así comienza la leyenda que, según algunos, sitúa a los Caballeros del Templo como los verdaderos pioneros del Nuevo Mundo.
Al principio solo había un punto blanco en los mapas. Cristóbal Colón, convencido de que había una ruta marítima hacia la India, zarpó sin saber que se toparía con un continente completamente desconocido. Él mismo nunca comprendió la magnitud del hallazgo y murió sin saber que había encontrado lo que hoy llamamos América. La historia de su descubrimiento es mucho más compleja de lo que la versión tradicional sugiere.
¿Quién descubrió América? ¿Fenicios, monjes, vikingos?
Algunos autores sugieren que, mucho antes de Colón, los fenicios cruzaron el Atlántico. Aunque la tecnología de la época habría permitido la travesía, no existen pruebas concluyentes que respalden la teoría, por lo que sigue siendo parte del folklore.
Otro candidato es San Brendan, monje irlandés que murió en 577. Según sus vidas, Brendan realizó largas travesías marítimas, domó criaturas del mar y, según la leyenda, llegó a una “tierra de gran abundancia” que algunos identifican con Newfoundland. Sin embargo, la evidencia histórica es escasa y la historia se apoya más en la fe que en hechos verificables.
Los vikingos sí dejaron evidencia tangible. Excavaciones en Groenlandia demuestran que, en el siglo X, navegantes nórdicos establecieron una colonia temporal en Terranova y exploraron el interior del continente. Aunque la ocupación fue breve, algunos investigadores citan la piedra Kensington, con inscripciones rúnicas del siglo XIV, como posible señal de una presencia vikinga prolongada.
¿Y los templarios?
Pasemos a la teoría más controvertida. En 1307, el rey Felipe IV de Francia ordenó la disolución de la Orden de los Caballeros Templarios, también conocida como los Pobres Caballeros del Templo de Salomón. Desde entonces, la orden ha sido asociada con misterios, el Santo Grial y tesoros ocultos.
Tras la persecución, algunos templarios escaparon a Inglaterra y, posteriormente, buscaron refugio en el oeste, según relatos que los vinculan con el príncipe Enrique Sinclair (o Saint-Clair). Se dice que, motivados por la búsqueda de una “Nueva Jerusalén”, los templarios habrían navegado desde Groenlandia hasta la costa este de Canadá.
El historiador Martin Bauer, en su libro Templarios. Mitos y Realidad, plantea que los templarios, gracias a sus conocimientos náuticos adquiridos de los árabes, pudieron llegar a Norteamérica y fundar colonias que, sin embargo, no sobrevivieron.
El mito se consolidó a finales del siglo XVIII con obras como la de Frederick J. Pohl y Clarkson N. Potter, que relatan la supuesta expedición de Enrique Sinclair en 1398. Aunque la mayoría de los académicos consideran los documentos (como las cartas de los hermanos Zeno) como falsificaciones, la historia ha alimentado una abundante tradición de supuestas evidencias.
¿Pruebas en piedra, torres y pobladores extraños?
En Massachusetts se encontró una piedra con bajo relieve que algunos interpretan como la figura de un caballero medieval, aunque la erosión dificulta la identificación.
En Newport, Rhode Island, se señala la existencia de una torre que habría servido como faro templario. Los primeros colonos europeos que llegaron allí describieron a algunos habitantes locales como altos, morenos y con barba, características que según algunos podrían indicar descendientes de los templarios.
El historiador Evan Pritchard sugiere que el héroe de la mitología indígena Mikmak, Glooscap, podría ser una figura europea, quizá el propio Sinclair. La hipótesis, sin embargo, carece de pruebas arqueológicas sólidas.
Una versión más extravagante afirma que los templarios no solo llegaron a América, sino que también regresaron. En 1486, William Sinclair, nieto de Enrique, habría construido una capilla en Escocia con tallas que representan flora americana, supuestamente evidencia de su viaje previo.
Un tesoro en el sur?
Algunos teóricos vinculan a los templarios con la América del Sur, alegando que establecieron colonias y que su legendario tesoro provendría de minas de plata en la península de Yucatán, de donde enviaban botines a su base en La Rochelle, Francia.
En conclusión, la mayoría de estas teorías carecen de evidencia concreta. No se ha demostrado que Enrique Sinclair haya llegado a lo que hoy es Estados Unidos, ni que haya existido una conexión real entre él y los templarios, cuya orden se disolvió medio siglo antes de la supuesta expedición.
Bibliografía
- Martin Bauer, Templarios. Mitos y Realidad. Editorial Dolnośląskie, 2004.
- Christopher Knight y Robert Lomas, The Second Messiah: Templars, the Turin Shroud and the Great Secret of Freemasonry. Fair Winds Press, 2001.
- Frederick J. Pohl y Clarkson N. Potter, Prince Henry Sinclair: His Expedition to the New World in 1398. Nimbus Publishing, 1995.