El hombre antiguo sigue fascinando. ¿Qué sabemos del neandertal hallado bajo el Mar del Norte? ¿Qué revela sobre la prehistoria europea? El premio Spinoza Wil Roebroeks responde a doce preguntas candentes.
¿Cuántos años tienen los fósiles homínidos más antiguos de Europa?
Los restos más antiguos de Europa datan entre 800 000 y 1,2 millones de años. Fuera del continente, en Georgia, se han encontrado homínidos de 1,7‑1,8 millones de años.1 En los Países Bajos, los hallazgos más viejos son herramientas líticas de unos 300 000 años, pero se sospecha que bajo los sedimentos podrían existir restos de dos o tres veces esa edad. En Inglaterra, las huellas más antiguas se sitúan en torno a los 800 000 años.
La razón por la que en Holanda aún no se han descubierto esos vestigios es que gran parte del territorio es una zona de subsidencia; los depósitos están tan profundos que todavía no los podemos alcanzar. El Pleistoceno apenas se muestra en la superficie del sur y este del país, y allí solo aparecen pequeños afloramientos de arenas y gravas.
En la costa este de Inglaterra, en Norfolk, la suerte es distinta: los sedimentos primitivos del Támesis están a nivel del mar actual, mientras que en la costa holandesa se encuentran a decenas de metros bajo el fondo marino, si es que se conservan. Allí la capa de arcilla glaciar protege muy bien los estratos del Pleistoceno.
¿Podemos llamar a Krijn, el neandertal hallado en 2009, el "primer holandés"?
La división tierra‑mar ha cambiado constantemente a lo largo de la historia. Desde una perspectiva prehistórica, todos somos inmigrantes. Hace 40 000 años los neandertales habitaban la zona, antes de ser reemplazados por Homo sapiens. El ADN muestra que los primeros agricultores, que llegaron hace 7 000 años, no estaban emparentados con los cazadores‑recolectores locales.
¿Podría Krijn haber llegado a su posición actual arrastrado por corrientes oceánicas?
Durante gran parte del Pleistoceno el actual lecho del Mar del Norte era tierra firme. El fragmento de cráneo probablemente permaneció enterrado en un depósito fluvial cubierto de arena y grava, y solo entró en contacto con el agua de mar cuando la bomba de succión lo extrajo. Moría entre 80 000 y 40 000 años atrás, en las orillas del antiguo Rin.
Cuando el río cambió de cauce hacia el norte, las dunas lo cubrieron. El fósil estuvo en una zona seca hasta que, hace unos 8 000 años, la invasión del Mar del Norte lo sumergió. El arqueólogo aficionado que lo recuperó sabía en qué zona operaba la bomba; con esa información y el estudio geológico se pudo localizar con precisión el antiguo cauce fluvial de origen.
¿Cómo se determinó que era un neandertal?
El fragmento corresponde a la parte frontal del cráneo, con el arco de la ceja, una característica muy distintiva de los neandertales. El Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig lo comparó con decenas de escaneos de cráneos y confirmó con alta certeza su identificación. Además, las suturas aún no estaban totalmente cerradas, lo que indica que el individuo era joven.
Actualmente la pieza se exhibe en el Museo de Antigüedades de Leiden, aunque sigue siendo propiedad del coleccionista belga que la encontró. Es probable que existan más fragmentos en colecciones privadas sin ser reconocidos.
¿Qué sensaciones le provocó sostener por primera vez el fósil del "neandertal holandés"?
Fue un momento muy emotivo. Tener contacto físico con un ser que caminó por la llanura del antiguo Mar del Norte es como tocar una reliquia. Además, subraya cuánto territorio de investigación arqueológica sigue oculto bajo el mar.
Hasta hace 10 000 años la superficie terrestre era mucho mayor porque gran parte del agua estaba atrapada en los casquetes de hielo. Regiones como Australia, Nueva Guinea y Tasmania formaban un único bloque terrestre. Cuando los glaciares retrocedan nuevamente dentro de 10‑20 mil años, esas áreas volverán a estar al alcance de la arqueología.
¿Qué papel juegan los arqueólogos aficionados?
Son esenciales: actúan como los ojos y oídos del sector. En varios proyectos ingleses, aficionados aparecen como coautores de artículos científicos. El descubridor del cráneo, Luc Anthonis, figura como coautor en la Journal of Human Evolution.
Yo mismo comencé como aficionado en Limburg, tallando belemnites y otros fósiles con mis hermanos. Más tarde, después de estudiar historia moderna, me pasé a la prehistoria y a la geología cuaternaria, centrando mi investigación en cazadores‑recolectores de más de 10 000 años.
Si recibiera otro premio en efectivo, ¿en qué investigaría?
Ampliaría la investigación de la costa este de Inglaterra como punto de partida para explorar todo el cuenco del Mar del Norte. En los Países Bajos se dedica muy poco a la arqueología submarina, sobre todo en la zona sur del mar, donde la actividad petrolera es escasa. El proyecto Maasvlakte, que implica la extracción masiva de arena, brinda una oportunidad única para perforar y cartografiar estratos mediante análisis de polen, caracoles, restos de roedores y otros fósiles datados.
¿Por qué no se lleva a cabo?
Gran parte del problema es cultural dentro de la propia arqueología: muchos profesionales no consideran relevantes los períodos más antiguos, a los que a veces se les llama “monos peludos”. La Agencia del Patrimonio Cultural aún no ha incorporado plenamente la prehistoria del Pleistoceno en su mandato. Es necesario que el gobierno reconozca que el periodo neandertal también forma parte de nuestro patrimonio.
En Inglaterra se adopta una visión más amplia: “Todo es arqueología”. Se estudian paisajes de todas las épocas, incluso cuando no había humanos, porque los ecosistemas también requieren explicación.
¿Por qué estudias en Inglaterra?
Allí los estratos son más accesibles y la normativa es más flexible. En los Países Bajos los proyectos deben estar totalmente planificados con años de antelación, mientras que en Inglaterra se pueden ajustar las preguntas de investigación sobre la marcha.
¿Qué nuevas revelaciones nos esperan sobre el hombre prehistórico?
Probablemente la clasificación taxonómica cambie: el neandertal pasará a llamarse Homo sapiens neanderthalensis. Además, el ADN de los Denisovanos, descubiertos en la Cueva Denisova de Siberia, muestra que existió otro linaje humano tan cercano a nosotros como el neandertal. Los humanos fuera de África llevan material genético neandertal; los asiáticos y europeos también poseen rasgos Denisovanos.
Las similitudes de comportamiento entre neandertales y Homo sapiens, evidenciadas por herramientas simples, se confirman con la genética: una pequeña población neandertal fue absorbida por la expansión de Homo sapiens.
¿Se avecina otra revolución arqueológica?
La próxima será tecnológica, impulsada por la biología molecular. La integración de métodos clásicos con la alta‑tecnología (DNA, proteómica, medicina evolutiva) abrirá nuevas ventanas al pasado. Por ejemplo, el Instituto Max Planck ya reconstruye la dieta neandertal a partir de proteínas óseas, y la medicina evolutiva investiga cómo la adaptación a dietas antiguas explica enfermedades modernas como la intolerancia a la lactosa.
El estudio del fuego también muestra cómo la cronología de su descubrimiento sigue siendo debatida: ¿hace varios millones de años o sólo un cuarto de millón? Esta cuestión influye directamente en nuestras hipótesis sobre la alimentación temprana.
1 En la Gea de marzo 2010 (p. 3‑7) se dedica un artículo al cráneo de Dmanisi, Georgia.
2 En 2007 Wil Roebroeks recibió el Premio Spinoza, una beca de investigación holandesa.