Un 11 de septiembre que eclipsó al del 2001
Cuando la mayoría de la gente menciona el 11 de septiembre, piensa en los atentados de Nueva York. Pero, 51 años antes, otro 11‑S marcó el destino de Chile y, por extensión, de América Latina. El golpe militar liderado por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 derribó al presidente democráticamente elegido Salvador Allende y dio inicio a una dictadura de 17 años, caracterizada por violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
Contexto internacional y la mano de EE. UU.
En los meses previos al golpe, la administración estadounidense, bajo Richard Nixon y su asesor Henry Kissinger, aprobó planes para desestabilizar al gobierno de Allende. Documentos desclasificados en 2008 revelan que, el 4 de septiembre de 1973, EE. UU. entregó a la CIA los detalles de la operación para derrocar al presidente, pese a la oposición del Departamento de Estado.
Paralelamente, Washington impulsó una campaña económica contra Chile: bloqueó transferencias de productos, favoreció la fuga de capitales y aumentó la deuda externa. Al mismo tiempo, los militares chilenos recibían miles de millones de dólares en ayuda militar, entrenados en academias estadounidenses.
El golpe y sus consecuencias inmediatas
El 11 de septiembre de 1973, a las 9:20 a.m., Allende pronunció su último discurso por la radio Magallanes, declarando: "¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!". Tras la toma del Palacio de La Moneda, el presidente murió bajo circunstancias controvertidas; la versión oficial sostiene que se suicidó con un fusil AK‑47 suministrado por Fidel Castro, aunque persisten teorías que apuntan a un asesinato.
El estadio nacional de Santiago se transformó en un macabro centro de detención y tortura, donde cientos de opositores fueron ejecutados o desaparecidos. Este episodio sigue siendo uno de los más oscuros y debatidos del siglo XX.

El modelo neoliberal de los "Chicago Boys"
Tras consolidar el poder, Pinochet adoptó el plan económico propuesto por los llamados "Chicago Boys", discípulos del economista Milton Friedman. El modelo eliminó derechos laborales, recortó la protección social y abrió la economía a la inversión extranjera, convirtiendo a Chile en un laboratorio de neoliberalismo exportable a otras naciones sudamericanas.
Esta política generó crecimiento económico, pero también profundizó la desigualdad. Cuando Pinochet dejó la política activa en 1988, el 43 % de los chilenos aún lo respaldaba, evidencia del impacto de aquel modelo.

Legado y memoria histórica
Las heridas de la dictadura siguen abiertas. El Comité Nacional de Memoria Histórica lucha por reconocer a las víctimas y desmantelar la impunidad que persiste entre ex funcionarios del régimen, como el ex ministro de Relaciones Exteriores Sergio Fernández o el ex ministro del Interior Andrés Chadwick. Incluso figuras actuales, como el expresidente Sebastián Piñera, tuvieron vínculos con la época de Pinochet.
El debate sobre la influencia de EE. UU., la implementación del neoliberalismo y la responsabilidad de los responsables del golpe continúa polarizando a la sociedad chilena, como lo demuestra la gestión de la expresidenta Michelle Bachelet.
