El verano se acerca y, como siempre, aparecen los planes: visitar a la familia, pasar una semana en un parque temático o viajar a destinos soleados como Italia, Francia o España. En la Costa del Sol, más allá de sus playas, puedes descubrir una de las manifestaciones culturales más emblemáticas de la península: la corrida o toreo, el espectáculo de toros que llega directamente de España.
Muchos consideran este espectáculo una forma de crueldad animal, y es comprensible. Yo también lo pensé cuando era joven, hasta que asistí a una corrida y descubrí, tras pasar detrás de bambalinas, el universo de valor, riesgo y arte que se esconde tras la lidia.
Historia de la corrida
Los orígenes del toro bravo

Desde la prehistoria el toro ha fascinado al ser humano; aparecen representaciones en cuevas y en mitos como el Minotauro griego o Apis egipcio. En la Península Ibérica el animal evolucionó hasta convertirse en el toro bravo, descendiente de los toros salvajes que llegaron de Asia Oriental.
Durante la Edad Media la presencia del toro era tan abundante que nadie temía su desaparición. De allí surgieron las primeras formas de lidia, como la caza a pie y el uso de lanzas, que con el tiempo dieron paso a la corrida tal como la conocemos.
La evolución de la lidia

Los visigodos y, más tarde, la influencia musulmana aportaron conocimientos ecuestres que perfeccionaron la forma de enfrentarse al toro. En el siglo XVIII el rey Felipe V prohibió la lidia, pero la práctica continuó entre la gente común y los peones, quienes llegaron a ser tan hábiles como la nobleza.
Francisco Romero es considerado el primer matador moderno: mató al toro a pie, solo con la capa (muleta) y la espada, sin montar a caballo.
Ganadería y cría de toros

Los toros de lidia se crían en ganaderías. En el mundo existen unas 1.700 ganaderías, de las cuales 1.175 están en España. Cada año nacen alrededor de 30.000 toros bravos; solo uno de cada seis llega a la arena.
La selección genética se ha estructurado en seis grandes linajes: Raso del Portillo y Jijón (Castilla), y Cabrera, Vistahermosa, Vázquez y Gallardo (Andalucía). Estos linajes garantizan la bravura y la característica física del animal.
La vida del toro antes de la plaza
Los toros criados para la lidia viven en libertad, con amplios espacios que les permiten desarrollar su fuerza y su comportamiento natural, muy diferente del ganado destinado al consumo, que se mantiene en corrales reducidos.
Los ganaderos cuidan la salud de sus animales, vacunándolos y evitando peleas innecesarias. Cuando un toro muestra la bravura requerida, es probado en una pequeña pista de la propia ganadería, donde los peones lo incitan a cargar.
El toreo: estructura y protagonistas

Los toreros se forman en escuelas especializadas. Primero entrenan con vacas jóvenes y, tras varias pruebas, participan en su primera novillada. Tras acumular experiencia, pueden obtener la alternativa, ceremonia que los convierte oficialmente en matadores.
Una corrida se compone de tres suertes o partes:
1. Tercio de Varas
Los picadores a caballo hincan la lanza al toro para debilitarlo. Luego el matador ejecuta una serie de pases con la muleta, evaluando la reacción del animal.
2. Tercio de Banderillas
Los banderilleros clavan dos banderillas en el lomo del toro para seguir debilitándolo y provocar que levante la cabeza.
3. Tercio de Muerte
El matador realiza una serie de pases estéticos y, finalmente, la estocada dirigida a la zona conocida como “la cruz”, entre los omóplatos, para cortar la aorta y provocar la muerte inmediata.
Trofeos y la gracia del toro

Según la calidad de la lidia, el presidente de la plaza puede conceder al matador orejas y cola del toro como trofeos. Un solo oído indica una buena actuación; dos orejas y cola son un reconocimiento excepcional.
En ocasiones, el público solicita la gracia del toro, pidiendo que se le spare. Hoy en día esa práctica es simbólica y rara vez se concede.
¿Tiene la corrida cabida en la sociedad actual?
El debate está abierto. Para algunos, la corrida es una expresión cultural profunda que genera empleo y mantiene viva una tradición centenaria. Para otros, representa una forma de crueldad innecesaria contra los animales.
Los estudios sobre el sufrimiento del toro son contradictorios: algunos afirman que la técnica adecuada minimiza el dolor, mientras que otros sostienen que cualquier muerte es injustificada.
Lo que es indiscutible es que la corrida sigue siendo un símbolo de identidad española, una mezcla de arte, riesgo y pasión que continúa evolucionando entre la tradición y la modernidad.